martes, 16 de mayo de 2017

Trizas

"Tan sólo el hospital da un auténtico testimonio de lo que es la guerra". Leí esto en Sin novedad en el frente, la novela de Erich Maria Remarque que transcurre en la Gran Guerra, y pensé en el Hospital Militar de Bogotá, ese lugar donde Dante podría haber encontrado inspiración. Allí llegaban los soldados heridos y destrozados en nuestra guerra de mierda, cientos de ellos al año. Pero el número descendió desde que empezó el cese bilateral al fuego con las FARC y luego con la firma del acuerdo de paz: en 2016 se atendieron 36 heridos, y este año comenzó con apenas un herido en combate internado allí. Cientos, miles de vidas salvadas gracias al proceso de paz.

Por eso no es posible sentir otra cosa distinta al miedo al ver la convención del Centro Democrático y lo que en ella se dijo. Se llevó a cabo en el auditorio de la Misión Carismática Internacional, y allí se ungió una vez más a un mesías nefasto con palabras desbordantes de idolatría vergonzosa. Uribe, siempre dispuesto a posar de hombre humilde, aplaudía sin pena a quienes lo llamaban presidente eterno y lo elevaban sobre todos nosotros, los pobres mortales. Lo alabaron varios, entre ellos una Paloma Valencia enardecida y abyecta y un Fernando Londoño arrogante y tenebroso.

En ese púlpito político Londoño dijo la que quizá sea la única verdad salida de su boca en décadas: el Centro Democrático es un partido de derecha. Algo sabido por todos, pero que profesionales del engaño como Uribe y pusilánimes taimados como Iván Duque insisten en negar con espejismos como llamarse de "extremo centro". Sin embargo, el Centro Democrático no es de centro ni es democrático, una obviedad que, no obstante, es necesario repetir. Su carácter fascista se hace cada vez más notorio. A la derecha de ellos queda la pared.

Dijo algo más Fernando Londoño, lo más impresionante y odioso: que si llegaban a la Presidencia, harían trizas el acuerdo de paz con las FARC. Esa es una declaración para ser temida, porque cuando ese señor hipócrita y macabro que es Londoño dice eso, es necesario recordar que no es papel lo que van a romper: son vidas humanas. Los soldados que ya no llegan rotos al Hospital Militar; los guerrilleros que decidieron dejar la guerra atrás; los campesinos que han vivido en el fuego cruzado; los defensores de derechos humanos que han intentado convertir este conflicto en algo menos sucio y feroz: todos ellos verán hechas trizas sus esperanzas, sus ilusiones. Sus vidas.

El Centro Democrático con su líder deificado, oscuro e indiscutible, sus políticos estigmatizadores, mendaces y agresivos, y sus hordas de mediocres en busca de un salvador vengativo que le dé rienda suelta a la violencia de palabra y obra de la masa devota del pensamiento único, quieren hundirnos en una fosa común que garantice su posesión de la tierra, la explotación de millones de colombianos, la negación de la verdad y el olvido de la expoliación, la injusticia y la muerte.

Quieren volver a llenar el Hospital Militar de gente hecha trizas.

HSB Noticias

martes, 9 de mayo de 2017

Si Dios...

Si Dios es una excusa para matarnos entre nosotros; si Dios sirve para ser homofóbicos, misóginos, racistas y clasistas; si Dios sirve para ignorar al débil y engrandecer al fuerte; si Dios es un escudo para darle santidad al odio; si Dios es un club para elegidos con el derecho de condenar a los demás a la ignominia y el olvido; si Dios es un pretexto para condenar la diferencia; si Dios es veneno y no bálsamo; si Dios es una justificación para sentirse superior y sojuzgar a los demás, para pisotearlos y arrebatarles su condición humana; si Dios es pantalla para la hipocresía y la agresión; si Dios es una disculpa para que la mayoría oprima a la minoría; si Dios es combustible para la furia y el juzgamiento y no para la compasión y el amor...

Si Dios es lo que Alejandro Ordóñez, Viviane Morales, Carlos Alonso Lucio y tantos otros que los apoyan y los siguen dicen que es, entonces Dios no nos sirve para nada.


Revista Semana



viernes, 21 de abril de 2017

Teocracia

Agencia Prensa Rural

Deberíamos estar asustados: Alejandro Ordóñez está subiendo como la espuma. Como la espuma de una bebida envenenada. Y con él toda la oscuridad y el odio de una ultraderecha dispuesta a cualquier bajeza para alcanzar el poder.

Como un inquisidor virulento y exaltado, Ordóñez se despacha contra Alejandro Gaviria porque en una entrevista dijo que era ateo. Por supuesto, para el exprocurador destituido por corrupto, un ateo es un ser amoral o francamente diabólico que no puede gobernar o encargarse de la educación de un niño. No se puede esperar otra cosa de una mentalidad moldeada en el siglo XVI.

Enardecido y desaforado, Ordóñez aparece en una protesta callejera contra el régimen venezolano para gritar que va a sacar a Santos a patadas. Se aprovecha de la situación política venezolana para esparcir sus mentiras, para conjurar el fantasma del castrochavismo y gritar a los cuatro vientos, aunque sabe que no es cierto, que Colombia se está convirtiendo en un país comunista. Como Uribe, sabe que difundir semejante falsedad le ayuda a crear miedo, a convencer a muchos votantes de que nos estamos desbarrancando y a crear una imagen de oposición perseguida igual a la de la oposición venezolana. Por lo visto engañar a la gente no le parece pecado.

Repiten sin descanso que vamos a terminar como Venezuela, aunque la realidad indique lo contrario. No se sonrojan al llamar comunista a un presidente que parece sacado de un manual de economía política de derecha neoliberal,  amigo de las reformas tributarias regresivas y la venta de empresas públicas, dispuesto a golpear lo más posible a la clase trabajadora colombiana. Es una estrategia efectiva, porque la mayoría de la gente no tiene ni puñetera idea de lo que es el comunismo, excepto que es necesario temerle.

Ahí van montando su sainete de oposición perseguida, desviando la atención hacia el espectro castrochavista que supuestamente Venezuela va a exportar a nuestro país. Pero Venezuela no nos va a dejar con una dictadura comunista. Lo que va a lograr la obsesión colombiana con la revolución bolivariana de Chávez es que en Colombia se monte un régimen teocrático y fascistoide, donde la Biblia reemplace a la Constitución y las leyes, y la mano dura extermine todas la voces que no sean cristianas y de derecha. Un régimen que le encantaría a un tipo como Alejandro Ordóñez, ojalá con él a la cabeza. Un régimen de cruces y cilicios, de machismo y homofobia, donde "Dios" es una colección de odios y prejuicios y el amor de Cristo tiene condiciones y restricciones.

Puede parecer exagerado, pero no lo es. Al fin y al cabo, Ordóñez ya ha demostrado su forma de pensar al justificar el paramilitarismo y quemar libros en público. Ante la evidencia de esas palabras y esas hogueras, la admonición de Heinrich Heine cobra vigencia: Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos.

martes, 28 de marzo de 2017

Marcharemos

Este primero de abril, los colombianos vamos a poder ver el espectáculo vivo de una contradicción ambulante. Como si los ladrones marcharan contra la inseguridad o los diabéticos contra la insulina, Álvaro Uribe, Alejandro Ordóñez y sus partidarios van a salir a marchar contra la corrupción.

Un expresidente que compró su reelección a punta de notarías, y que tiene investigados o en la cárcel a la mayoría de personajes que gobernaron a su lado, y un exprocurador cuya reelección fue anulada por los métodos deshonestos con los cuales la consiguió, lideran la convocatoria para marchar contra la corrupción del gobierno de Juan Manuel Santos. Apoyados, no podría ser de otra forma, por ejemplares personajes como el pastor Arrázola, un vividor experto en exprimir la fe de los demás para vivir como rey, y orador sicarial con el nombre de Dios en la punta de la lengua para amenazar a sus críticos. Son estos bellos e impolutos personajes, estos buenos muchachos de Scorsese, los que hoy se ponen el disfraz de indignados con la corrupción que se come viva a Colombia.

Pero la del primero de abril no es una marcha contra la corrupción (si mucho, es una marcha de la corrupción). Lo del primero de abril es un acto de campaña de los reaccionarios criollos, de los sectores más oscuros y nefastos del país, que anhelan recuperar el poder para lograr instaurar su cleptocracia teocrática y enseñarnos a todos que Dios es amok y el autoritarismo la verdadera forma de poner a andar a este país. Es un acto de campaña de aquellos que sueñan con eliminar cualquier diversidad, con condenar a millones a la violencia para el beneficio de unos pocos, con desaparecer cualquier oposición, con imponer su moral a la fuerza. Son ellos, los culpables del desastre que es Colombia, quienes nos invitan a apoyarlos en su causa.

Claro que habría que marchar contra la corrupción que nos hunde en el barro, contra las mentiras de este gobierno cuyo único acierto ha sido el proceso de paz con las FARC, contra una clase política que ni siquiera cambia de apellidos para seguir jodiéndonos la existencia. Lo que no podemos hacer es convertirnos en los idiotas útiles de lo más tenebroso y retrógrado que tiene la política colombiana. Están metiendo alma, vida y sombrero para subir a uno de los suyos a la Presidencia el próximo año. No podemos apoyar su odiosa cruzada. No podemos ayudarles a convertir a Colombia en la mezcla de mazmorra de la Inquisición, burdo espectáculo milagrero, fosa común y calabozo dictatorial en la que buscan convertirla.

Podemos tener memoria y recordar quiénes son realmente Uribe, Ordóñez y los demás, o ser como Dory, olvidarlo todo y andar por ahí canturreando: Marcharemos, marcharemos, marcharemos...




jueves, 23 de marzo de 2017

Diez años



Ya hace diez años abrí este blog. Todo un ejemplo de perseverancia en la inutilidad.

Habría que preguntarse por esta necesidad de escribir y publicar en internet, una red donde la gente solo parece estar interesada en los videos de menos de un minuto y en los memes, ojalá de gatos.

No es necesario, ni es útil. Pero no hay otra opción cuando uno solo es capaz de explicarse el mundo por medio de lo que lee y lo que escribe; cuando uno no sirve para nada más. Y a veces alguien lee lo que uno escribió, y le gusta, y lo comparte.

La defensa de la inutilidad parece ser un destino honorable.