lunes, 16 de junio de 2008

Guaduas queda más lejos de lo que uno cree

Eso de los agüeros nunca ha sido lo mío. Uno tiene ahí unos cuantos, sobre todo por cuestiones de crianza, pero en realidad nunca les paro muchas bolas. Pero, vida berraca, me di cuenta que eso de que en “trece ni te cases ni te embarques” viene siendo como cierto. El viernes pasado fue viernes trece y nos fuimos de paseo con unos amigos para Guaduas. Ahora, Guaduas queda cerca, no es el viaje más largo que pueda hacer uno en la existencia; pero a nosotros nos duró como el berraco: probablemente nos hubiera rendido más si nos vamos para la costa.

Hemos salido de Bogotá como a la una de la tarde, pero para esa hora ya había sucedido el primer percance. El hijuemadre bus se había estrellado. A mí ya eso me dio como mala espina, porque no empezó como bien la cosa. Pero bueno, llegó el bus y me recogió. Yo me subí con el pie derecho, por si las moscas, pero no bastó para contrarrestar el enorme bulto de sal que había caído sobre nosotros, la inmensa conspiración que el universo había puesto en marcha para alargar el viaje y alejar Guaduas unas cuantas horitas más.

Porque no bastando el primer estrellón con arruinada de retrovisor y todo, además de que el conductor no era precisamente Emerson Fittipaldi, estamos como en Villeta (creo) y el señor conductor vuelve y se estrella. En una maniobra que desobedeció como doscientos años de leyes de la física, el conductor le montó el bus a la defensa de un jeep, causando un pequeño rayoncito en el lado del bus y destrozando la placa del inerme jeep. Ahí ya nos estábamos diciendo que cómo carajos podíamos ser tan de malas: madrazo va, madrazo viene, pero logramos salir de la estrellada y seguimos nuestro camino, que, no siendo suficiente con lo que ya había pasado, el conductor no conocía bien. Eso si se llama estar de buenas.

Pero como el sabio Murphy dijo, toda situación es susceptible de empeorar. Cuando ya creíamos que Guaduas estaba al alcance de nuestras deseosas-de-licor manos y nuestros cuerpitos anhelantes de piscina y carne asada, vamos por una subida y adivinen que: ¡Se varó el bus! ¡Carajo, se varó el desgraciado bus! ¡En una curva y en subida! Esta suerte está como para apostar en un casino, no joda. Nos tocó bajarnos del bus y empezar a ver que carajos se hacía. Unos terminaron de agentes de tránsito parando todos los camiones que venían. Se armó horrendo trancón y creo que más de uno maldijo nuestras almas. Otros intentamos empujar el bus, pero no se movió mucho que digamos. Se intentó prender en reversa y tampoco. Así que se logró acomodar el bus en una bahía al lado de la carretera y a ver que rayos íbamos a hacer.

Hermanitos, a echar dedo a ver si alguien nos lleva hasta Guaduas. A unos los llevaron, otros nos tocó pagar pasaje en busesitos que iban para el pueblo, con el tradicional regateo, porque no hay derecho a que le cobren a uno como si estuviera desde el principio del recorrido. Después de un trancón, hijuemadre, llegamos. Como tres horas después de lo presupuestado, pero lo logramos. Casi que no. Que alegría más grande. La Odisea come chitos al lado de este periplo por las carreteras de Colombia.

Y ese fue el lindo viajecito hasta allá. Después si todo fue diversión, se pasó muy bueno, se comió, se bailó, se bebió: sobre todo se bebió. Fiesta al lado de piscina: mi primera fiesta tipo traqueto de telenovela. Y anécdotas para contarles a los nietos o para recordar con los amigos muchos años después frente al pelotón de alicoramiento. Además una experiencia de estas seguro une a la gente, por que lo absurdo de la mala suerte con el condenado bus nos unió a todos en un madrazo colectivo.

Ah si, se me olvidaba: cuando llegamos aquí a Bogotá e íbamos todos a ver el partido en el chuzo de un amigo, el bus se volvió a varar.

8 comentarios:

Nico dijo...

jajajaja... maldita mala suerte Andrade... maldito bus de m... pero al fin llegamos y la pasamos muy bueno... el santo padre Baco nos bendijo y no dejo que la mala suerte siguiera ni que se ahogara ningún borracho en la piscina... y además teníamos que desquitarnos... el guayabo me duro hasta el otro día...

Anónimo dijo...

Gracias... Gracias! este momento había que recordarlo... tenía que ser escrito y no sólo ser un vago recuerdo de nuestras mentes alcoholizadas! Jejeje... qué bueno Ivancito que lo hayas hecho! Un abrazo y un besito! ;) TaTa

lully dijo...

Menos mal fue un bus, a mi familia y amigos nos pasó en pleno mar, el barco, bueno una lanchita, nada de barco, se paró y tuvimos que hacer tansbordo. En esos moments hay que tomarlo todo como un paseo y veo que tú en ese día disfrutaste y disfrutaron, eso es lo que importa.


Un abrazo desde mi alma, aún con la sensibilidad a flor de piel por la partida terrenal de mi padre!

yoymimismo dijo...

Mira, que maravilloso ejmplo nos pones del poder de la mente para cocrear realidades...

Pensaste que te iba a ir mal y ...

Te bendigo

Isaac

Mercal dijo...

ajajaajajajaj, pero eso es lo divertido de los paseos... las anecdotas que quedan..., ajajaj me reí mucho imaginando la situación ajaja, besos

Korsario dijo...

por lo menos usted llegó a destino, alguna vez a mi me tocó regresarme.

"pelotón de alicoramiento": excelente término, para tener en cuenta

Got Largo? dijo...

hombre que embarrada !!!

A mi me paso una parecida, un viaje a melgar nos duro como 8 horas . . . por una estrelalda de un camion cerca a la nariz del diablo.

Tajalápiz dijo...

Por aquí voy llegando y devolviendo una visita que agradezco. Esta aventura me recordó la de un chico colombiano, hijo de diplomáticos o algo así que siempre vivió de país en país y un día quiso venir a Colombia para reencontrarse con sus raíces: fue a visitar Popayán y le tocó el terremoto; el bus que lo llevaba de vuelta a Bogotá se rodó por un abismo;Unas semanas más tarde lo agarró la policía comprando marihuana y le tocó una jueza que había decidido acabar con el problema de la droga en Colombia (eran otros tiempos, hace veinticinco años) que no le dio tregua, así que el chico terminó yéndose de Colombia. Ya ves, hay viajes más accidentados. Pero el tuyo dejará buenos recuerdos. En cuanto a los choferes colombianos, Dios nos ampare y nos favorezca.