Leí hace unos días un libro bastante particular que me recomendó mi hermana: Tratado de culinaria para mujeres tristes de Héctor Abad Faciolince. Es un libro corto y muy bien escrito, como era de esperarse siendo el autor quien es. Y digo que es particular porque es una extraña forma de poner por escrito unas ciertas ideas sobre la existencia humana, en especial la femenina. Ya el nombre llama la atención y da por sentado que la lectura por hacerse va a ser algo distinto, no lo que siempre se lee. Y así es. Aunque haya recetas de cocina (bastante peculiares, por cierto), a la larga eso sólo termina siendo una excusa para hablar de cosas más profundas, para hablarle a las mujeres sobre lo que sienten y piensan. Es un libro de complejidad, pero en traje de simplicidad.
Mientras discutía con mi hermana acerca del libro (por Google Talk, que no es lo mismo que una buena charla, pero bueno, sirve a su propósito), y se decía lo obvio, que el libro muy bueno, que Héctor Abad Faciolince es una maravilla, etc., ella me dice algo bastante llamativo: que parecía un libro de esos de autoayuda. Aunque en principio pensé que lo que decía era una blasfemia del tamaño de una catedral, luego llegamos a la conclusión de que sí podía ser tal cosa, pero en forma de parodia. Y creo que es una forma muy válida de verlo: una burla a esa cosa absurda que son los libros de autoayuda y superación personal.
Porque este libro del señor Abad tiene algo de lo que los libros de autoayuda carecen, y mucho: creatividad. Además de una muy buena prosa. Y no tiene esas cantidades enormes de melaza y obviedad que abundan en la autoayuda. En resumidas cuentas, es un buen libro.
Los libros de superación personal son una colección de soluciones obvias a los problemas de la vida humana, reunidas en decálogos, listas y consejos que más parecen un manual de algún artefacto eléctrico que un libro que habla sobre el ser humano. Tales libros no se acercan siquiera un poco a la verdadera conplejidad de la vida humana. Y sin embargo se cree que aplicando estos "simples pasos" la felicidad está asegurada y esperando a la vuelta de la esquina; la misma esquina por la que usted siempre pasaba, pero al parecer no se había percatado de que la felicidad estaba ahí sentada con un letrero de neón que notificaba su presencia. No creo que así sea. No creo que los pasos de la existencia sean simples y con seguir tal o cual regla todos alcancemos nuestra porción de felicidad y bienestar. La realidad es más variada, no todos debemos, ni podemos, recorrer el mismo camino (ni nos sentimos cómodos haciéndolo).
Aunque hay que verle el lado amable: más de un sicólogo varado (o cualquier varado) habrá salido de pobre vendiendo millones de libros repletos de estos consejos insulsos. Sin duda un acto de gran ayuda para la economía, para la circulación del capital y para la generación de empleo.
En la buena literatura sí hay conocimiento de la vida, sí hay buenos retratos de lo humano y de allí se pueden sacar más lecciones que de toda la autoayuda junta. La vida no es fácil, no es obvia y no se desplaza en línea recta por una camino sin baches. La vida no se soluciona con decálogos ni listas sosas y obvias. Y mucho menos con saber quién demonios se llevó el queso.
Así que ayúdese: no lea autoayuda. Hay muchos y excelentes libros por ahí rodando que hablan más y mejor de la vida y la existencia humana y que le van a ser de más utilidad. Sólo que hay que esforzarse un poco más en su lectura.
Mientras discutía con mi hermana acerca del libro (por Google Talk, que no es lo mismo que una buena charla, pero bueno, sirve a su propósito), y se decía lo obvio, que el libro muy bueno, que Héctor Abad Faciolince es una maravilla, etc., ella me dice algo bastante llamativo: que parecía un libro de esos de autoayuda. Aunque en principio pensé que lo que decía era una blasfemia del tamaño de una catedral, luego llegamos a la conclusión de que sí podía ser tal cosa, pero en forma de parodia. Y creo que es una forma muy válida de verlo: una burla a esa cosa absurda que son los libros de autoayuda y superación personal.
Porque este libro del señor Abad tiene algo de lo que los libros de autoayuda carecen, y mucho: creatividad. Además de una muy buena prosa. Y no tiene esas cantidades enormes de melaza y obviedad que abundan en la autoayuda. En resumidas cuentas, es un buen libro.
Los libros de superación personal son una colección de soluciones obvias a los problemas de la vida humana, reunidas en decálogos, listas y consejos que más parecen un manual de algún artefacto eléctrico que un libro que habla sobre el ser humano. Tales libros no se acercan siquiera un poco a la verdadera conplejidad de la vida humana. Y sin embargo se cree que aplicando estos "simples pasos" la felicidad está asegurada y esperando a la vuelta de la esquina; la misma esquina por la que usted siempre pasaba, pero al parecer no se había percatado de que la felicidad estaba ahí sentada con un letrero de neón que notificaba su presencia. No creo que así sea. No creo que los pasos de la existencia sean simples y con seguir tal o cual regla todos alcancemos nuestra porción de felicidad y bienestar. La realidad es más variada, no todos debemos, ni podemos, recorrer el mismo camino (ni nos sentimos cómodos haciéndolo).
Aunque hay que verle el lado amable: más de un sicólogo varado (o cualquier varado) habrá salido de pobre vendiendo millones de libros repletos de estos consejos insulsos. Sin duda un acto de gran ayuda para la economía, para la circulación del capital y para la generación de empleo.
En la buena literatura sí hay conocimiento de la vida, sí hay buenos retratos de lo humano y de allí se pueden sacar más lecciones que de toda la autoayuda junta. La vida no es fácil, no es obvia y no se desplaza en línea recta por una camino sin baches. La vida no se soluciona con decálogos ni listas sosas y obvias. Y mucho menos con saber quién demonios se llevó el queso.
Así que ayúdese: no lea autoayuda. Hay muchos y excelentes libros por ahí rodando que hablan más y mejor de la vida y la existencia humana y que le van a ser de más utilidad. Sólo que hay que esforzarse un poco más en su lectura.