miércoles 28 de enero de 2009

Ayúdese: no lea autoayuda

Leí hace unos días un libro bastante particular que me recomendó mi hermana: Tratado de culinaria para mujeres tristes de Héctor Abad Faciolince. Es un libro corto y muy bien escrito, como era de esperarse siendo el autor quien es. Y digo que es particular porque es una extraña forma de poner por escrito unas ciertas ideas sobre la existencia humana, en especial la femenina. Ya el nombre llama la atención y da por sentado que la lectura por hacerse va a ser algo distinto, no lo que siempre se lee. Y así es. Aunque haya recetas de cocina (bastante peculiares, por cierto), a la larga eso sólo termina siendo una excusa para hablar de cosas más profundas, para hablarle a las mujeres sobre lo que sienten y piensan. Es un libro de complejidad, pero en traje de simplicidad.

Mientras discutía con mi hermana acerca del libro (por Google Talk, que no es lo mismo que una buena charla, pero bueno, sirve a su propósito), y se decía lo obvio, que el libro muy bueno, que Héctor Abad Faciolince es una maravilla, etc., ella me dice algo bastante llamativo: que parecía un libro de esos de autoayuda. Aunque en principio pensé que lo que decía era una blasfemia del tamaño de una catedral, luego llegamos a la conclusión de que sí podía ser tal cosa, pero en forma de parodia. Y creo que es una forma muy válida de verlo: una burla a esa cosa absurda que son los libros de autoayuda y superación personal.

Porque este libro del señor Abad tiene algo de lo que los libros de autoayuda carecen, y mucho: creatividad. Además de una muy buena prosa. Y no tiene esas cantidades enormes de melaza y obviedad que abundan en la autoayuda. En resumidas cuentas, es un buen libro.

Los libros de superación personal son una colección de soluciones obvias a los problemas de la vida humana, reunidas en decálogos, listas y consejos que más parecen un manual de algún artefacto eléctrico que un libro que habla sobre el ser humano. Tales libros no se acercan siquiera un poco a la verdadera conplejidad de la vida humana. Y sin embargo se cree que aplicando estos "simples pasos" la felicidad está asegurada y esperando a la vuelta de la esquina; la misma esquina por la que usted siempre pasaba, pero al parecer no se había percatado de que la felicidad estaba ahí sentada con un letrero de neón que notificaba su presencia. No creo que así sea. No creo que los pasos de la existencia sean simples y con seguir tal o cual regla todos alcancemos nuestra porción de felicidad y bienestar. La realidad es más variada, no todos debemos, ni podemos, recorrer el mismo camino (ni nos sentimos cómodos haciéndolo).

Aunque hay que verle el lado amable: más de un sicólogo varado (o cualquier varado) habrá salido de pobre vendiendo millones de libros repletos de estos consejos insulsos. Sin duda un acto de gran ayuda para la economía, para la circulación del capital y para la generación de empleo.

En la buena literatura sí hay conocimiento de la vida, sí hay buenos retratos de lo humano y de allí se pueden sacar más lecciones que de toda la autoayuda junta. La vida no es fácil, no es obvia y no se desplaza en línea recta por una camino sin baches. La vida no se soluciona con decálogos ni listas sosas y obvias. Y mucho menos con saber quién demonios se llevó el queso.

Así que ayúdese: no lea autoayuda. Hay muchos y excelentes libros por ahí rodando que hablan más y mejor de la vida y la existencia humana y que le van a ser de más utilidad. Sólo que hay que esforzarse un poco más en su lectura.

miércoles 21 de enero de 2009

La era Obama... por Pilar Castaño

Ayer, Barack Obama se posesionó como presidente de los Estados Unidos, en medio de un revuelo impresionante por lo que este hecho significa y que los periodistas, en un impostado discurso políticamente correcto, no cesaron de señalar: es la primera vez que un negro (afrodescendiente, polticorrectamente hablando) llega a la presidencia de este país, uno de los más racistas que ha existido. Sin duda un hito histórico de importancia.

Pero gran parte del revuelo fue también por el enorme cambio que se operó. Por fin se acabó la, por decir lo menos, nefasta presidencia de George W. Bush, salió de la Casa Blanca (debió haber salido esposado) este señor que en ocho años regresó a la humanidad como diez siglos, dejó a su país en un estado lamentable y al mundo sumido en un caos financiero. Su cacareada "guerra contra el terror" no logró absolutamente nada, más allá de asesinar iraquíes y afganos y crear un clima de paranoia apenas descriptible. Y en el cinismo más absurdo, aseguró que su política fue la que impidió que los terroristas atentaran de nuevo contra Estados Unidos y que la historia lo juzgará de manera benevolente por sus acciones. Una estupidez apenas comparable a la de José María Aznar, que en una entrevistá afirmó que Bush es un gran estadista (!). A duras penas puede uno contener la carcajada.

En fin, salió Bush y por fin se posesionó Obama, en un evento enormemente concurrido, con gente de muchas partes que quizo llegar a ver este evento. Esto es la muestra de la principal característica de lo que es el fenómeno Obama: la esperanza. No existen certezas de que Obama va a sacar a Estados Unidos del pantano y a mejorar sus relaciones con el mundo, pero existe una esperanza gigantesca en que así será. Millones de estadounidenses así lo esperan, y ese es el principal capital con el que empezará a trabajar Obama. Toda esa gente en el National Mall así lo demuestra. Lo que se espera es un cambio drástico y trascendental. Ojalá así sea. O por lo menos que cambie un poquito.

Por supuesto no estuvo ausente ese talento innato que tienen los gringos para convertirlo todo en un centro de atracciones tipo Disneylandia. Se montó un perfecto espectáculo, con venta, y reventa, de boletas, transmisión segundo a segundo por televisión y demás cosas. Entusiasmo mediático al que se sumaron los medios colombianos, con sus enviados especiales y sus especialistas en estudio. Entusiasmo desbordado en mi opinión. Una cobertura más discreta hubiera servido al propósito: al fin y al cabo, aunque muchos quieran parecerlo, no somos gringos, y tanto entusiasmo por la era Obama no es bueno, porque aunque sea mejor que Bush y quiera cambiar muchas cosas, no por eso deja de ser gringo y de dirigir el mismo imperio. Es bueno ver a un tipo como Obama en esa presidencia, pero no creo que tanto revuelo en este país sea necesario, e incluso a veces raya en el ridículo.

Siguiendo con los canales colombianos, uno entiende que al estudio lleven a gente como Diana Uribe (que está sobrevalorada, pero la señora sabe), María Emma Mejía o el expresidente Gaviria. Estos son personajes que entienden de historia y política, los temas de importancia en esta ocasión. Pero me pareció sumamente absurdo ver a Pilar Castaño comentando en la transmisión. No lo podía creer. El mundo presenciaba un evento de importancia histórica y política, y a los señores de los medios colombianos se les ocurre invitar a Pilar Castaño a comentar sobre vestidos y corbatas y demás nimiedades de moda.

Supongo que las perlas de Michelle Obama, o su impecable vestido, van a ser de suma importancia durante la presidencia de su esposo. Uno nunca sabe cuando ese collar pueda resolver una crisis internacional. Y claro, no podemos soslayar el erudito comentario de Pilar Castaño al señalar a la señora Obama como la "Jackie Kennedy negra". Dios nos libre de olvidar dato de tal trascendencia. Sin duda la elegancia de Michelle Obama (que la tiene, no lo voy a negar) va a ser determinante durante las cumbres del G8, o para que firmen la porquería de TLC que tan desesperadamente quieren los chupasangres empresarios colombianos, o para que Estados Unidos deje de ser tan infame y deje de bloquear las resoluciones de la ONU contra la ofensiva israelí en Gaza. Esos tacones que tenía puestos van a ser determinantes en la solución de la crisis energética y del calentamiento global, acuérdense de mí.

Que falta de seriedad. Una vez más los canales colombianos se han superado en su titánica capacidad para la babosería. Una vez más, han demostrado su inquebrantable compromiso con la mediocridad y la farandulería.

miércoles 14 de enero de 2009

Las víctimas de ayer

"Las víctimas de ayer fácilmente pueden, por desgracia, transformarse en los verdugos de hoy"*. En las circunstancias actuales, esta afirmación suena más cierta que nunca. Durante siglos, el pueblo judío fue el perseguido, el perfecto chivo expiatorio de la historia. El odio de miles de personas estuvo dirigido a ellos, a quienes se culpaba de todas las desgracias de la sociedad occidental, comenzando por el cargo de haber asesinado al que para muchos es el hijo de Dios que vino al mundo como salvador (aunque en realidad no fue más que un hombre). Todo esto culminado en ese grave caso de locura colectiva que fue el régimen nazi, que exterminó sistemáticamente a millones de judíos, en la más abyecta y escalofriante racionalidad.

Pero hoy son los judíos, o mejor, el Estado de Israel, el que actúa como verdugo. En los últimos días hemos visto cientos de imágenes dantescas sobre la realidad del conflicto entre israelíes y palestinos en la franja de Gaza. Hamas lanzó misiles sobre ciudades israelíes, por lo que Israel respondió bombardeando Gaza y comenzando una ofensiva terrestre que sólo deja escombros a su paso, en lo que ellos insisten en llamar "legítima defensa", aunque en realidad es un uso de fuerza desmedida contra los palestinos: porque es contra todo el pueblo palestino, no sólo los miembros de Hamas. La mayoría de las víctimas han sido civiles, especialmente niños y mujeres, haciendo de la tan mentada "legítima defensa" únicamente un genocidio; ese es el nombre que tiene lo que está pasando en Palestina.

Ciertamente Hamas no ha sido inteligente en su actuar. Uno de sus misiles cayó en un jardín infantil, que por fortuna estaba vacío. Eso resta legitimidad a la causa que dicen tener. Pero es fácil entender la acogida de Hamas en un pueblo que hace décadas no sabe de otra cosa que no sea opresión, abusos e indiferencia. Hamas regenta hospitales, centros de caridad y escuelas; incluso se hace cargo de las familias de los suicidas que se inmolan en Israel, mártires que tienen un estatus de héroes en Palestina. Esto ayuda a explicar la razón de su acogida, de sus triunfos políticos entre los palestinos. El radicalismo de esta organización parece ser la respuesta de muchos palestinos atribulados por su situación, por los hijos que han perdido a manos de Israel, por la expoliación de sus tierras.

Pero más allá de la ceguera de Hamas, de que su radicalismo político y religioso no sea la verdadera respuesta al conflicto que se vive en Medio Oriente, lo cierto es que lo que está haciendo Israel es un genocidio que tiene la intención de librarse del pueblo palestino por medio del exterminio. No se puede llamar legítima defensa a un tanque contra un niño armado de piedras, a responder con balas a los insultos y las pedradas. No es legítima defensa bombardear una escuela que funciona como refugio de la ONU, ni matar niños y mujeres inocentes, ni impedir el paso de ayudas para los que sufren las barbaridades de este enfrentamiento. Con la excusa de encontrar y arrestar a los miembros de Hamas se asesina a todo palestino que se cruce en el camino de las fuerzas israelíes. Es ingenuo creer que Israel, que tiene uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo, el Mossad, no podría ubicar e individualizar eficientemente a los miembros de Hamas para arrestarlos. Es claro que no es esta la intención, sino arrasar con Gaza y los palestinos.

Lo peor de todo es que esto ocurre bajo la mirada complaciente de mucha gente. Los tímidos intentos de la ONU de hacer algo son bloqueados por Estados Unidos, cuyos afectos por Israel no son desconocidos. Los palestinos no tienen aliados, ni siquiera las naciones árabes, cuyo interés más que ayudar a sus hermanos palestinos, es acabar con Israel. La indiferencia hacia la situación palestina es notoria, es imposible de esconder: a la mayoría no le importa en absoluto lo que suceda con ellos.

Y aquél que defienda a los palestinos, que denuncie el abuso de Israel, es tachado de antisemita. Los judíos llevan 60 años chantajeando al mundo con el Holocausto, así que todo aquel que hable mal de Israel es un antisemita, cuando una cosa no tiene que ver con la otra. Personalmente, hay muchísmas cosas que admiro del pueblo judío, como sus tradiciones, su lengua, su inquebrantable voluntad de seguir adelante a pesar de la persecución y el odio, su amor por la sabiduría; y sin duda alguna el Holocausto fue lo más bajo y horrible que ha presenciado la humanidad en mucho tiempo (es una verdadera estupidez que existan quiénes lo niegan). Pero aquí estamos hablando de algo netamente político, que es el actuar de Israel como Estado. Y este actuar es arbitario y salvaje con los palestinos. Los palestinos son prisioneros en su propia tierra, están confinados en campos de refugiados, se les impide la movilización por el país, se les niegan permisos de trabajo. Se les condena a una vida en la que los caminos a seguir no son muchos.

Así como no son muchas las salidas para el conflicto. Este enfrentamiento que ha durado décadas está envuelto en tantas y tan complejas variables que es difícil vislumbrar una salida. El odio que existe entre palestinos e israelíes crece más cada día, porque se inocula a los niños desde muy pequeños. Desde muy jóvenes aprenden a odiarse unos a otros, odio que perdurará hasta que se hagan adultos y puedan acabarse entre ellos. Y aquellos que logran escapar a esta espiral creciente de odio, frecuentemente se convierten en víctimas de la guerra, causando su radicalización y despertando ese odio que actúa como combustible de este conflicto que ha cobrado tantas vidas, la mayoría inocentes. Es apenas lógico que una persona que no es miembro de Hamas u otro grupo, pero es víctima de los abusos de Israel, de una bomba lanzada a su hogar y que asesina a sus hijos, se va a radicalizar y va a llenarse de odio contra aquellos que le quitaron a su familia. Y funciona de igual forma con los israelíes que son víctimas de atentados suicidas.

Hoy en día asistimos a una expresión más de esos odios. Pero Israel ha respondido de forma desmedida a los ataques de Hamas. Su política con los palestinos ha causado que éstos quieran destruirlos, pero es bastante claro que no tienen el poder para hacerlo. Israel, por otro lado, sí tiene todo el poder y el apoyo para hacerlo. Y lo está haciendo, escudándose en eufemismos e hipocresía. Los que ayer fueron víctimas de un genocidio, hoy lo están perpetrando. Es Israel quien hoy enarbola la bandera de lo bárbaro, lo abyecto, del odio y la violencia.


*Alain Gresh. Israel, Palestina. Verdades sobre un conflicto.




lunes 5 de enero de 2009

Año nuevo

Empieza un nuevo año, aunque no sé que tan nuevo, porque no mucho ha cambiado. En realidad nunca lo hace. Tampoco muy feliz para muchos, como los palestinos, que están sufriendo la ira divina del pueblo escogido de Dios. Pero bueno, lo que siempre queda es optimismo, ese optimismo que caracteriza a los desgraciados y que en este país abunda, por lo que, a pesar de vivir en un país lleno de problemas, tenemos título como uno de los países más felices del mundo. Esa no la entendí, pero por otro lado Colombia no es la más lógica de las naciones.

Lo cierto es que el inicio del año siempre viene con cosas muy particulares, como los propósitos de nuevo año. Personalmente, pocas veces los hago, porque he visto que muy rara vez se cumplen. Mucha gente si hace sus propósitos con devoción religiosa, para en menos de 48 horas del nuevo año ya haberlos "pasado por la faja". Creo más sensato no hacer los propósitos, así no se engaña uno mismo y no engaña a nadie. Pero claro, no deja de ser entretenido ver a la gente proponiéndose muchísimas cosas para despues no cumplirlas.

Otra cosa característica del cambio de año son los rituales de la noche del 31 de diciembre: que las uvas, que las lentejas, que el pan, que la maleta y la ropa interior amarilla. Todos muy divertidos. Aunque debo decir que yo hice el de las lentejas y el de las uvas, porque yo no creía en esa vaina pero para el año pasado lo hice y no me fue nada mal. Pura cábala, pero es bueno para la tranquilidad mental. Eso sí, hay que recordar guardar las lentejas y no dejarlas en los bolsillos, porque muy seguramente terminarán regadas en el suelo de toda la casa, resultando en una muy cansona barrida, a la que siempre escapan algunas lentejas cimarronas. Y con respecto a las doce uvas con las que se piden los deseos, no se les olvide que el más importante es el que se pide con la última uva: pedir que todas esas uvas no le vayan a hacer daño.

Y por supuesto no nos podemos olvidar que, por encima de todo, estas festividades de fin de año son la perfecta excusa para comer y beber en cantidades bíblico-apocalípticas. Yo no viajé a ningún lado a vacacionar, así que me quedé en la casa haciendo lo que se puede hacer en esta época de desocupe: comer como bestia y beber como cosaco (o irlandés, o alemán, o inglés: la que sumercé quiera). Claro está que eso también lo hace la gente que viaja. Supongo que el propósito de año nuevo lógico será rebajar las tallas aumentadas debido a este estilo de vida decembrino-licencioso.

Y empezó este 2009 que vamos a ver qué cosas extraordinarias nos trae, especialmente en este país extraño, ilógico e increible que es Colombia. Pero aquí estaremos para dar cuenta de ellas.