jueves 19 de marzo de 2009

La primera vez

(Comiendo con palitos chinos)

(Qué dijeron: este tipo "empelotó" el alma aquí)

El martes pasado se graduó de la universidad uno de mis mejores amigos. Fui a la ceremonia de grados con otros amigos a ver que tal la cosa. Además, el compadre Nicolás era el que daba el discurso de los graduandos, por lo que era indispensable que fuéramos a escucharlo. En fin, pasó el discurso y todo el resto de cosas de la ceremonia, la entrega de los diplomas y los gritos enardecidos de la multitud acalorada que respiraba los últimos centímetros cúbicos de aire que quedaban en el auditorio.

Al terminar todo el asunto, fuimos a felicitar a mi amigo, que estaba con su familia. Ahí hubo el abrazo reglamentario y la felicitación sentida, porque siempre es emocionante estar con los compadres y comadres en estas ocasiones. Pues bien, estábamos en la ronda de felicitaciones, cuando Nicolás nos dice que si queremos ir a comer. Lo primero que pasó por mi mente fue comida en la casa de él. Pero, para mi sorpresa, la familia nos estaba invitando a nosotros, los amigos, a comer a un restaurante. Seguro que da pena, pero uno termina aceptando. Se aguanta la pena.

Salimos entonces para el restaurante. Fuimos a Wok. Para los que no saben, este es un restaurante de comida oriental bastante reputado aquí en Bogotá. Y por reputado quiero decir costoso (por lo menos para mis actuales ingresos). Esto hizo que la invitación me diera aún más pena, porque era una cuenta que seguro iba a ser abultada. Además, cuando llegamos al citado establecimiento, lo único que pude pensar al verlo fue: "carajo, voy a subir como tres estratos". Muy bonito el lugar.

Entramos, nos sentamos y nos llevaron la carta, que representó todo un reto para mí: muchos platos nuevos (la mayoría de pronunciación extraña), demasiada información para ser asimilada tan rápidamente. Pero el verdadero reto iban a ser los palitos. Ya antes de llegar nos había asaltado la duda:"oiga ¿allá hay que comer con los palitos esos?". Sí, así era: dan palitos chinos para comer. De inmediato nos asaltó el miedo a hacer el ridículo con los dichosos adminículos orientales para consumir los alimentos. La mayoría nunca había ido a Wok y menos había utilizado los palitos chinos para comer. La única experta era una amiga, Sandra, que tenía una técnica bastante depurada usándolos. Por el contario, Sergio estaba bastante desconcertado frente a los extraordinarios cubiertos; las manos le temblaban al cogerlos.

Llegaron los platos y con ellos la hora de la verdad. También había pedido un tenedor, porque las posibilidades de fracasar eran altas. Cogí los palitos chinos y me dispuse a comer. ¡Lo logré! Vida berraca, sí pude. Tanta observación tenía que servir para algo. Me dí cuenta que no es tan difícil usar los cositos esos. Hasta pude comerme los vegetales con esa vaina. Por supuesto hubo una que otra caída de comida, pero para ser la primera vez que usaba palitos chinos no me fue tan mal. No soy tan torpe con las manos como había creído hasta ese día. Di cuenta de todo el deliciosos plato que pedí y quedé contento conmigo mismo por haber sido capaz de usar adecuadamente los pinches palitos chinos.

En conclusión: conocí un nuevo sitio, comí una nueva comida, pude usar los palitos chinos y salí de allí siendo menos "garra" de lo que era cuando entré. Ya puedo decir que probé comida camboyana y que la ingerí utilizando los famosos palitos chinos. Una buena adición a mi ínfima cultura gastronómica, muy basada en el A.C.P.M (arroz, carne, papa y maduro).

Sólo queda agradecer, una y mil veces, a la familia de mi amigo Nicolás por semejante invitación.


P.D. Claro que pasó por mi mente la escena de Karate Kid cuando el señor Miyagui atrapa una mosca usando los palitos chinos. ¿Será que uno alcanza tal nivel de habilidad? No creo. Con no echarse encima la comida basta y sobra.


miércoles 11 de marzo de 2009

Vértigo

En este país pasan miles de cosas todos los días. Las noticias muestran muchísimas cosas graves a diario; tantas que uno no alcanza a reponerse de una cuando ya tiene diez más encima para digerir. Y para completar todo este vértigo noticioso, la mayoría de estas eventualidades son bastante graves: robos, corrupción, estafas, asesinatos, etc. (al fin y al cabo esto no es Estocolmo). Siempre hay un nuevo tema en la agenda, un escándalo que tapa el anterior antes de que el siguiente venga y lo borre.

Además de todo eso, están los eventos personales, las cosas que nos suceden en cada jornada. Ya sea en el trabajo, el estudio, en la fiesta, en el bus o donde sea, muchas cosas nos suceden a diario que nos hacen reflexionar sobre ciertas situaciones o nos causan un impacto en nuestra forma de ver ciertos aspectos de esa vida cotidiana. Incluso a veces nos generan cavilaciones sobre temas de índole más "elevada": cuestionamientos filosóficos sobre la existencia humana, crisis religiosas, disquisiciones sobre la naturaleza. Afortunadamente eso no sucede muy a menudo o la locura ya se hubiese apoderado por completo de mi cerebro.

Y aun así, uno es tan pelotudo de no encontrar tema para escribir, como me sucedió la semana pasada. Al parecer también en esta, porque escribir sobre el hecho de no haber podido escribir parece una salida facilista y hasta pendeja. Pero es una manera de darme palo por no hilvanar ideas y salir con algo coherente para publicar en este espacio. Porque después del episodio de las "chuzadas" del DAS han sucedido otros hechos dignos para comentar, en esa avalancha de información que nos arrasa.

-"Chuzadas" del DAS
-Congreso del Polo
- Juan Manuel Santos diciendo pendejadas sobre volver a bombardear territorio de otros países.
-Uribe con ganas de mandarlo al carajo pero teniéndolo a su lado para controlarlo y que no le arruine la re-reelección.
-Germán Vargas Lleras diciendo pendejadas parecidas a las de Santos.
-Chávez haciendo populismo y amenazando con prender los aviones de su fuerza aérea.
-Beber whisky viendo un DVD de José José.
-Me regalaron un reloj.
-Me dio gripa.

Como se habrán dado cuenta, todo muy importante.

Ojalá la inspiración no me vuelva a fallar. Ya me hace falta escribir alguna vaina todas las semanas aquí. Y escribir constantemente es fundamental como parte de la disciplina de los que tenemos el embeleco extraño de llegar a ser escritores.