En el episodio II de La Guerra de las Galaxias, hay una escena muy buena. En el senado se ha propuesto la expedición de poderes extraordinarios para el Canciller, debido a la difícil situación de la República y la amenaza de los separatistas. Estos poderes son otorgados al Canciller en medio de la ovación general. Entonces, Padme Amidala dice: "Con que así muere la libertad... en medio de un millón de aplausos" (cito de memoria, tal vez esté mal).
Eso es lo que pasó en este país la semana pasada. Se aprobó el referendo reeleccionista. Tras las habituales maniobras arteras se ha permitido loa presentación de un referendo para posibilitar que se reelija al presidente. Una reforma con nombre propio: Álvaro Uribe Vélez. La corrupción quiere seguir en el poder y tiene mucho apoyo. Eso es lo peor.
El clientelismo y la politiquería han visto una oportunidad de oro en la permanencia de nuestro autoritario presidente y no la quieren dejar pasar. Los intereses industriales y de los grandes capitales también. Y quién sabe: hay ciertos intereses oscuros por ahí a los que también les conviene que Uribe se quede más tiempo como presidente de esta maltrecha nación.
Es triste. La grima es lo único que aflora en un momento así. El país se está desmadrando y lo quieren mantener en su curso de colición. Sin importar las mentiras (el país está blindado contra la crisis, ya no hay paramilitares, etc.), los falsos positivos, el crecimiento del desempleo, los desplazados y las cien mil cosas que están mal en Colombia, muchos juran que habitamos el paraíso terrenal. Por lo tanto, el mesías debe seguir con nosotros, pues es el directo responsable de nuestra soñada situación. Aquí todo está bien.
Y el presidente fingiendo un desinterés total, declarando que la perpetuación del mandatario es perniciosa, pero contradiciéndose el mismo día y declamando estupideces con encrucijadas del alma. Desde el 2006 es claro: la estrategia es hacer parecer que Uribe no desea la reelección, para luego aparentar que es el anhelo del pueblo el que lo obliga a lanzarse de nuevo y seguir siendo presidente. Evidente. Rastrero. Inmundo.
Dice el cardenal Rubiano: Uribe debe esperar hasta el 2014. Así lo dicen otros. Uribe debe darle un respiro al país. El problema no es la reelección: el problema es la reelección inmediata, en el 2010. Yo digo que el mentado respiro es el mismo que tiene aquél al que están torturando sumergiéndole la cabeza en un tanque de agua y se la sacan por unos segundos para ver si está dispuesto a hablar.
Una dictadura quiere asentarse en Colombia y la aquiesencia es notoria. Y desastrosa. Miramos con deconfianza al vecino megalómano, pero aplaudimos mientras otro se apodera de nuestro país. Se lo permitimos. Lo alabamos. Y con una sonrisa vemos caer el poco de democracia que tenemos.
Pero no sé de qué me estoy lamentando. Aquí todo está bien. Sin el capataz, sin el señor del Ubérrimo, no somos nada. Si lo dejamos ir la catástrofe nos arrasará. La historia colombiana empezó en el 2002. El nuevo edén se ha levantado. Para seguir, sólo necesita el voto de un referendo. No es gran cosa: precio irrisorio por habitar el lugar más feliz de la tierra.
Eso es lo que pasó en este país la semana pasada. Se aprobó el referendo reeleccionista. Tras las habituales maniobras arteras se ha permitido loa presentación de un referendo para posibilitar que se reelija al presidente. Una reforma con nombre propio: Álvaro Uribe Vélez. La corrupción quiere seguir en el poder y tiene mucho apoyo. Eso es lo peor.
El clientelismo y la politiquería han visto una oportunidad de oro en la permanencia de nuestro autoritario presidente y no la quieren dejar pasar. Los intereses industriales y de los grandes capitales también. Y quién sabe: hay ciertos intereses oscuros por ahí a los que también les conviene que Uribe se quede más tiempo como presidente de esta maltrecha nación.
Es triste. La grima es lo único que aflora en un momento así. El país se está desmadrando y lo quieren mantener en su curso de colición. Sin importar las mentiras (el país está blindado contra la crisis, ya no hay paramilitares, etc.), los falsos positivos, el crecimiento del desempleo, los desplazados y las cien mil cosas que están mal en Colombia, muchos juran que habitamos el paraíso terrenal. Por lo tanto, el mesías debe seguir con nosotros, pues es el directo responsable de nuestra soñada situación. Aquí todo está bien.
Y el presidente fingiendo un desinterés total, declarando que la perpetuación del mandatario es perniciosa, pero contradiciéndose el mismo día y declamando estupideces con encrucijadas del alma. Desde el 2006 es claro: la estrategia es hacer parecer que Uribe no desea la reelección, para luego aparentar que es el anhelo del pueblo el que lo obliga a lanzarse de nuevo y seguir siendo presidente. Evidente. Rastrero. Inmundo.
Dice el cardenal Rubiano: Uribe debe esperar hasta el 2014. Así lo dicen otros. Uribe debe darle un respiro al país. El problema no es la reelección: el problema es la reelección inmediata, en el 2010. Yo digo que el mentado respiro es el mismo que tiene aquél al que están torturando sumergiéndole la cabeza en un tanque de agua y se la sacan por unos segundos para ver si está dispuesto a hablar.
Una dictadura quiere asentarse en Colombia y la aquiesencia es notoria. Y desastrosa. Miramos con deconfianza al vecino megalómano, pero aplaudimos mientras otro se apodera de nuestro país. Se lo permitimos. Lo alabamos. Y con una sonrisa vemos caer el poco de democracia que tenemos.
Pero no sé de qué me estoy lamentando. Aquí todo está bien. Sin el capataz, sin el señor del Ubérrimo, no somos nada. Si lo dejamos ir la catástrofe nos arrasará. La historia colombiana empezó en el 2002. El nuevo edén se ha levantado. Para seguir, sólo necesita el voto de un referendo. No es gran cosa: precio irrisorio por habitar el lugar más feliz de la tierra.
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No vote el referendo. Bótelo.
No vote el referendo. Bótelo.