martes 16 de noviembre de 2010

Sobreactuados con el reinado

Alrededor del reinado de Cartagena, todos los años, se forma la misma controversia: que si la plata que se va en tanto fasto inútil no debería ser invertida en aliviar la pobreza del pueblo cartagenero. Y sí, seguro que así debería ser. Pero con tantos años de entrenamiento en eso de "ser colombiano", uno ya debería saber que eso no sucedería. Así cancelen el reinado, el dinero no va a ir a parar a los pobres. Ni el del erario ni muchísimo menos el de las empresas privadas que patrocinan el evento.

En cambio, por paradójico que pueda parecer, ese evento elitista, que encarna el sabroso arribismo de los colombianos, genera posibilidades de hacer dinero para los cartageneros. Los turistas gastan plata. A la señora que vende cocadas en la playa le conviene una ciudad llena por el reinado. La ciudad gana con más gente en los hoteles, comiendo en los restaurantes, tomando en los bares y dejándose robar de los taxistas. Así funciona la economía.

Además, no hay que ser desagradecidos. ¿Cuántos momentos de carcajadas nos han proporcionado las reinas con su inteligencia desbordante? Cada año uno espera una nueva burrada. Si las reinas dejan de decir estupideces, ahí sí que debería cancelarse el reinado. Los hombres gozamos viendo viejas buenas y las mujeres criticando. Y la imbecilidad que flota en el aire gracias a diseñadores, reinas y gente de la farándula nos divierte a todos.

Por otro lado, sería cruel cancelar el reinado y dejar sin trabajo a profesionales tan útiles para la sociedad como son los reinólogos.

No defiendo el reinado. Por mí que eso ni existiera. Pero hay que dejar los lugares comunes. Todo mundo se rasga las vestiduras porque a una cuadra de donde se realizan los costosos eventos del reinado, la gente muere de hambre y frío en medio de inundaciones. Se indignan porque una reina sea capaz de usar un vestido de millones de pesos mientras un niño no tiene qué comer. Yo le digo a la gente: no tiene que ir a Cartagena para ver eso. A una cuadra de su casa también hay alguien muriendo de hambre, frío y enfermedades. ¿Con eso no se indignan? Cuando salen a beber trago y pagan cuentas altísimas porque adquieren trago sobrepreciado, ¿están pensando en la gente pobre? No creo. O tal vez sí: saben que pagando una cerveza a diez mil pesos no hay posibilidades de que la 'chusma' entre al mismo lugar en el que están.

Hay que dejar de sobreactuarse. No le exija a una reina la conciencia social que usted no tiene ni la caridad que usted no practica. Ojalá algún día los colombianos de verdad tengamos esa conciencia y empecemos a pedirles cuentas a los cafres que nos roban todos los días, para que el dinero vaya a donde tenga que ir. Sin eso, las declaraciones indignadas sobre la pobreza no son nada más que palabras vacías. Y los hampones seguirán robando para ir a Cartagena a ver el reinado.

viernes 5 de noviembre de 2010

Modern Family, o de los colombianos que viven en función del "qué dirán"

Ya estamos indignados: el personaje de Sofía Vergara en Modern Family, supuestamente, deja muy mal parados a los colombianos ante el mundo. Los chistes alrdedor del personaje siempre son sobre droga, violencia y demás temas que siempre relacionan con Colombia los gringos y el mundo entero. Me pregunto por qué será.

Personalmente, encuentro la serie muy graciosa. Y sí, las bromas giran sobre los eternos prejuicios que hay sobre Colombia y los colombianos. Pero, en lugar de sentir el orgullo herido por tan poca cosa, habría que preguntarse si no hacemos lo posible por reforzar dichos prejuicios. Los colombianos vivimos quejándonos sobre la imagen que tenemos en el exterior; sin embargo, elegimos criminales para que nos gobiernen. Y los reelegimos; los gobiernos envían hampones a embajadas y consulados; a menudo, las bandas criminales en otros países están integradas por colombianos; suele ser un colombiano el que descifra la forma de robar electricidad, internet, teléfono o televisión. En fin. Claro, por esos casos hay cientos más de colombianos honrados. No obstante, negar la realidad sería tonto. ¿Acaso es mentira que nos matamos todos los días, que nos quejamos de la inseguridad pero la gente compra cosas robadas o que de aquí salen toneladas de droga a diario?

Si fuéramos menos patrioteros, dejaríamos de ofendernos por algo que, al fin y al cabo, tiene asidero en la realidad. Claro, Bogotá no es la ciudad que sale en Sr. y Sra. Smith. Esas cosas son sólo muestra de la proverbial ignorancia gringa sobre el resto del mundo. Pero sí somos un país con miles de problemas y negándolos no los vamos a solucionar.

Poca cosa es el personaje de Sofía Vergara frente a los esfuerzos diarios de cientos de colombianos por dejar a su país como un zapato viejo.