miércoles 29 de diciembre de 2010

¿El mejor español del mundo?

Esto ya lo he dicho en otras ocasiones. Pero ese mito tonto de que aquí en Colombia hablamos el mejor español del mundo hay que derrumbarlo, como el del segundo himno más bonito y el de que este es el mejor vividero del mundo.

¿Cómo puede ser Colombia el lugar del mundo donde mejor se habla español cuando la gente dice 'ecsenario', 'ecsena' y 'ocsila' en lugar de escenario, escena y oscila? En cambio, cuando la palabra tiene una X, esa no la pronuncian: éxito y excelente se convierten en 'esito' y 'eselente' o, aún peor, en 'etsito' y 'etselente'.

¿Cómo va a ser este el pueblo que mejor habla español cuando dice 'accequible', 'glamuroso', 'preveer'? ¿Cuando usa expresiones como 'volver a repetir' y 'más sin embargo'? ¿Cuando adopta (y adapta) palabras del inglés y crea esperpentos como 'randomizar'? ¿Cuando tiene periodistas que no entienden la diferencia entre expoliar y exfoliar?

No puede ser Colombia el país donde mejor español se habla cuando la gente, al decir o escribir una burrada, y alguien la corrige, responde: "ay, pero me entendió". Esa debe ser la respuesta más mediocre de la historia de lo mediocre.

Y una ojeada a los foros de los medios de comunicación en internet, los estatus de Facebook y los avisos de la calle demostrará con creces que la ortografía no es patrimonio de la nación.

¿El mejor español del mundo? Otra de esas victorias nacionales hecha de humo y espejos.

viernes 24 de diciembre de 2010

Diciembre

Se acerca la Nochebuena y con ella el final del año y de este diciembre que no se sintió. Supongo que eso se debe al hecho de que se ha fusionado con noviembre en un solo mes de 61 días. Cuando a uno le meten una navidad de dos meses, o más, pierde parte de su encanto y llega incluso a ser fastidiosa. A ver si recapacitamos, dejamos vivir a noviembre y que diciembre sea el mes de la navidad.

Porque ese es el orden de las cosas: que cuando llegue diciembre, con su alegría, uno se ponga en modo festividades. Y, además, se ponga en guardia. Porque diciembre llega con alegría, pero también con el frenesí de las compras y los niños trabados con azúcar; con los taxistas llenos de espíritu navideño, es decir con ganas de cobrar la prima voluntaria, esa que uno decide si paga o no, aunque aún no sé si eso se decide antes o después de que el taxista saque la cruceta y llame a sus compañeros de la hermandad TLPPC (Taxis Libres Para Partir Crismas); con los ladrones llamando a las reservas y la sevicia a flor de piel para despojar a la gente de regalos y dinero destinado a comprarlos; con funcionarios cobrando trámites inexistentes para cuadrarse la navidad, al igual que agentes de la Dian decomisando más que en el resto del año, porque la casa necesita un nuevo televisor; con los sobreactuados que no quieren sino hablar de navidad y los que quieren ser el Grinch; con la proliferación de orquestas tipo Matecaña y Los Tupamaros y el infaltable disco de Los Cincuenta de Joselito. En fin.

Hubo cosas buenas este año: la Corte impidió la dictadura constitucional de Uribe y a Videla lo condenaron a cadena perpetua por su 'patriótica labor'. No todo es malo en el mundo.

Espero que se pueda volver a vivir diciembre y la navidad como debe ser. De todas formas, feliz navidad para todos ustedes, que les den hartos y buenos regalos y que el guayabo no los destruya demasiado. Y que ojalá el próximo año caiga nieve, para que los esnobs colombianos se sientan en el primer mundo.

martes 21 de diciembre de 2010

De donde vengo yo

De donde vengo yo, nos consideramos uno de los pueblos más felices de la tierra; y eso es así porque olvidamos con facilidad la desgracia de hoy para darle paso al consuelo de tontos del mañana.

De donde vengo yo, señalar las falencias del país se considera la peor de las traiciones, pues sólo se construye futuro obviando lo que está mal y creyendo que estamos en "el mejor vividero del mundo". Eso de corregir errores no va con el progreso de nuestro país.

De donde vengo yo, abandonamos nuestra existencia al azar, porque hacerse responsable de ella es demasiado doloroso. Por eso siempre creemos que algo bueno vendrá, que cada hijo viene con un pan debajo del brazo (así uno procree diecisiete culicagados) y que Dios proveerá.

De donde vengo yo, nos enorgullecemos de las riquezas naturales que posee el territorio que nos tocó, cuando deberíamos avergonzarnos por tener tales riquezas y no hacer nada con ellas, más allá de depredarlas. Y, por supuesto, hacer campañas publicitarias desprovistas de sentido.

De donde vengo yo, es más grave un aborto que un cura violador de niños. Y ese mismo cura es el que condena el aborto. Allí un inquisidor puede ser Procurador y condenar a una mujer que decide sobre su cuerpo, mientras absuelve criminales.

De donde vengo yo, gobernar es cuestión de vaaaarones que no tienen tiempo de pensar y que a gritos e improperios demuestran cómo carajos es que se dirige un país.

De donde vengo yo, nos consideramos verracos y "echados pa'lante", pero no somos capaces de exigir al Estado lo que nos debe, porque para eso está la caridad cristiana y nos tenemos los unos a los otros. Elegimos gente para que ocupe puestos y engorde por incumplir con su labor.

De donde vengo yo, se considera ingenioso al que no paga la cuenta o se cola en la fila. Creemos en ídolos con pies de barro y firmamos para que sigan abusando de nosotros.

De donde vengo yo, un guerrillero muerto es suficiente razón para ser feliz y nos hace olvidar que ese cadáver no pone un plato de comida en la mesa.

De donde vengo yo, hay que adorar las situaciones y las personas sólo porque provienen del mismo país que uno. Si el o la cantante es colombiano, nos tiene que gustar; si las cosas salen mal, hay que aguantar sin criticar, porque es la tierra en que nacimos y hay que quererla como es.

De donde vengo yo, los humoristas se volvieron incapaces de hacer reír con algo más que sus propias neurosis y prejuicios. No hay por qué burlarse del poder y los poderosos: eso es aburrido y a la gente le puede molestar. Mejor hablar de las diferencias entre la esposa y la moza y de que los hombres sólo sirven para sacarles plata.

Y, de donde vengo yo, hacemos canciones conformistas, porque una borrachera y "tener sabor" bien valen una existencia mediocre o, incluso, miserable.

jueves 16 de diciembre de 2010

Peticiones navideñas

Es hora de pedirle al niño Dios y a Papá Noel. A Santa Claus no le pido, porque a diferencia de gran parte de mi generación -peor aún en las siguientes- soy consciente de que nací en Colombia y no en el distrito de Columbia.

Algunas peticiones son bastante difíciles -probablemente imposibles- de cumplir. Sin embargo, teniendo en cuenta que le pido a seres imaginarios, pues todo es posible.

Quiero:

- Que los colombianos dejemos de echarle la culpa siempre al árbitro cuando perdemos. Y que los árbitros dejen de dar papaya para que les echen la culpa.

- Que esa ridiculez llamada Crepúsculo, concebida por la desgraciada Stephanie Meyer, a quien espero Bram Stoker le hale las patas por la noche, desaparezca para siempre. Me tiene harto la patética estupidez de los adolescentes aficionados a esa película tan pero tan mala, y aún peor, siento pena por la raza humana al ver a cientos de premenopáusicas obsesionadas con esa historia y con Robert Pattinson.

- Que ni Uribito ni Uribe puedan llegar a la alcaldía de Bogotá. Más bien: que los bogotanos no vayamos a ser tan brutos de elegirlos. Yo no quiero Bogotá Falso Positiva ni Bogotá Parcelada; no quiero el parque Simón Bolívar lleno de palma africana.

- Que el Atlético Nacional asuma el equipo que es y haga algo el próximo año que no sea el ridículo.

- Que los hinchas de fútbol dejen de creer que la única manera de alentar al equipo es cantando en fingido acento argentino.

- Como ahora ser un lobazo(a) es estar a la moda, que nunca me dé por estar a la moda.

- Que no hagan más telenovelas de narcos y prepagos.

- Que ser ñero, o verse y hablar como uno, deje de ser 'cool'.

- Que nadie nunca jamás vuelva a usar tenis blancos con un jean.

- Que nadie vuelva a intentar convertirme a su fe particular. Divulguen la palabra en donde quieran, menos en mi casa.

- Que José Obdulio y Fernando Londoño abandonen la prosa grecoquimbaya. Para irse a una cárcel, por supuesto.

- Que cierto cínico expresidente se calle la jeta.

Y ya dejo de pedir. No hay que ser abusivo.

miércoles 1 de diciembre de 2010

Barra brava

El domingo pasado fue el más reciente episodio de la vesania de las barras bravas colombianas: debido a que el Atlético Nacional se quedó sin opciones de pasar a la final del fútbol colombiano tras su derrota con el Once Caldas, los hinchas decidieron destruir todo lo que pudieran. Como hincha de Nacional que soy, no puedo menos que sentirme avergonzado. Flaco favor se le hace a la imagen de una hinchada cuando suceden cosas como esas. Y la de Nacional no es la única. La gran mayoría de las barras de los equipos colombianos, si no todas, han protagonizado desmanes alguna vez, acabando con lo que hay a su paso y peleando con las hinchadas de los equipos rivales.

Es una vergüenza. Ya ni siquiera van a ver un partido: si usted va al estadio con un puñal, no va a ver fútbol. Ser hincha de un equipo se volvió la fachada para ser pandillero, para desfogar los instintos destructivos y criminales (algunos salen del partido a atracar, como le sucedió a un amigo con unos hinchas de Santa Fe). El fútbol es apenas una excusa. El 'amor' al equipo parece justificar que se apuñale a un hincha de otro equipo (a veces hasta del mismo), se destruya el estadio y lo que alrededor se encuentre. Una completa gaminería.

Porque gamines y hampones son esos especímenes que consideran que el hincha de otro equipo es una persona a la que se le debe hacer daño; esos mismos que se tatúan el escudo o la camiseta de su club, dizque porque eso es demostrar el amor y el apoyo al equipo; quienes eso hacen, frecuentemente se apoyan en un puñal para ganarse la vida. Seres que, además, son lo suficientemente ridículos como para cantar barras con acento argentino.

No me malentiendan: sé que entre esas barras hay mucha gente decente que sí va a ver un partido de fútbol. Pero lo cierto es que está primando la línea violenta que ve al equipo y su hinchada como un clan cavernario que está en guerra con los otros clanes, que ve como obligatorio apedrear buses o asesinar a quien ose portar una camiseta que no sea la del propio equipo. Pura y dura lógica pandillera, repito. Los hinchas de ese tipo alejan de los estadios a los verdaderos hinchas, los que sí quieren a su equipo y quieren disfrutar de un partido de fútbol y no van pensando en que la más grande hazaña de la vida es robarle una bandera o un frente a la barra contraria.

Hace unos años leí, en una columna de Gabriel Meluk, que una de las soluciones que habían encontrado en Inglaterra para controlar a los hooligans había sido subir el precio de las boletas. Puede parecer clasista, pero tal vez puede ayudar. Hacer responsable al hincha por la silla que ocupa también. Hay que buscar salidas para que la violencia deje de encontrar refugio en los estadios. Y para que la gente deje la estupidez de estar cantando como argentinos. Buenos Aires queda bien lejos de Chipaque.


P.D. Con respecto al clásico Barcelona-Real Madrid: que saludable para el alma es ver en el rostro de Mourinho y de Cristiano Ronaldo la inconfundible expresión del fracaso y la humillación.

P.D. 2 Pensar que no se puede ser hincha de un equipo de fútbol de otra ciudad o de otro país es de un parroquialismo de tal magnitud, que demuestra la limitada mentalidad que tenemos.