viernes, 29 de abril de 2011

Desocupado lector

He superado la etapa de creer que sólo quien lee es verdaderamente inteligente. La experiencia me ha demostrado que hay personas que poco leen y son brillantes. Y que hay gente que lee mucho y es de pocas luces (generalmente se vanaglorian de una biblioteca rebosante de autoayuda, Coelho, Dan Brown, libros de exsecuestrados...). La lectura no es un indicador fehaciente de inteligencia.

Sin embargo, con todo lo que me ha dado la lectura, me es difícil comprender que alguien se prive voluntariamente de ese placer. A mí me es imposible concebir la vida sin libros. Millares de horas se me han ido en la lectura, devorando "de claro en claro y de turbio en turbio" los libros que me han caído en las manos. Unos con mayor disfrute que otros, pero de todos he sacado algo (así sea la lección de no volver a leer algo parecido). Gracias a la lectura he descubierto cosas sobre mí y sobre los demás, cosas profundas y superficiales, evidentes y ocultas. Leer ha sido una privilegiada puerta de acceso a la comprensión de la condición humana y del mundo en el que se desenvuelve. Leyendo se recorre esa senda que es difícil de abandonar: la de la comprensión paulatina de algo. Lo que sea.

La lectura me acompañó siempre cuando las cosas se veían mal. Antes, en esos años de adolescencia donde, a menudo, se siente que todo pierde el sentido. Ahora, cuando en medio del desempleo, hay días en que uno cree que no sabe hacer nada útil (y, para rematar, quiere ganarse la vida escribiendo novelas), que sólo aprendió a leer y a escribir en tantos años de educación y que está defraudando a la familia. Y todo cambia. Con un libro en las manos todo cambia. El tiempo libre parece una bendición, y lo es. Tiempo para leer, para ponerse al día con la biblioteca. Y para escribir. Y renace la esperanza de ganarse la vida con lo único que se aprendió a hacer: leer y escribir.

Para algunos la lectura no es más que una forma de pasar el tiempo. Para otros, como yo, es algo más. Mucho más. Un salvavidas. Una ocupación. Un aprendizaje. Un destino: porque de tanto leer es que le dan ganas a uno de escribir. Que tan sensato sea eso, no lo sé. Pero así es.

Estos nuevos tiempos parecen no ser muy afectos a la lectura. George Steiner lo decía elocuentemente: "El silencio, la intimidad, la soledad que permite un encuentro en profundidad entre el texto y su recepción, entre la letra y el espíritu, es hoy una singularidad excéntrica, que resulta psicológica y socialmente sospechosa". Esta era audiovisual, llena de estímulos y exceso de información, no parece favorecer a la lectura reposada y atenta. Aunque cabría preguntarse también si con los avances tecnológicos, como Internet, el Kindle, etc., no se está dando paso a un nuevo tipo de lector. El tiempo lo dirá. En últimas, a nadie se le puede obligar a leer, ya sea un libro de papel o uno electrónico o lo que sea. La lectura es una disposición de espíritu, no tan contagiosa como quisiera uno. Puede tratar de inculcarse, pero no es nada fácil. Y, no obstante, hay que dar la pelea por que haya más lectores.

Dar la pelea porque más gente quede hechizada por las palabras. Esas que parecen tan inútiles pero pueden dar sentido a toda una existencia; que sirven para mejor la vida, para completarla, como diría Vargas Llosa. Aunque, si nadie más se enrola en esta búsqueda, no importa. Uno seguirá ahí, entregando todo el tiempo que pueda a la lectura. Hay que leer lo que más se pueda antes de envejecer y quedarse ciego. O de que lo maten a uno de una puñalada por robarle tres pesos.

2 comentarios:

Nelson Fox dijo...

Hace mucho no leía algo con lo que me identificara plenamente. En especial esto del desempleo y el tiempo libre. Es una bendición a regañadientes, es tener eso que muchos anhelan pero con lo cual no nos sentimos satisfechos. Muchos quisieran tener el tiempo para leer que nosotros tenemos, aunque en el fondo otra cosa quisiéramos estar haciendo. Gracias por ese texto, y por dejarme saber que comparto con alguien ese siempre expectante, nunca completo, deseo de ser escritor. Esa vocación delirante, ese camino que a ningún lado llega.

Maggie Torres dijo...

Leer: actividad que desde pequenha me ayudó a alejarme de aquello(mucho) que detesto.
Acá no hay librerías. MI notebook se fue al carajo. Vine a Walden ( xq en este moridero me pienso Thoreau) para hacerme de la asceta, y heme aqui me dilatando el final de The Fountainhead porque no deja de para espejar todo lo que aprendí en los dos ultimos anhos y más.
No voy a devolverlo NI POR LA P*** m***. yA LO MANCHÉ, lo ensucié, marqué: es mío, como es mia la experiencia Castell(me has dejado sola, tendré q matarte)que me une más a mis amig@s cuando gritamos eso desde el fondo de nuestras tripas en mitad de la calle.
Gente como vos nos deja la esperanza de que gente rara como un@ seguirá naciendo para bien de la humanidad ^^