jueves, 29 de septiembre de 2011

Polvo en los anaqueles

- ¿Para qué leer tanto, para qué todos esos libros? ¿No es lo mismo? -preguntó.

- ¿Para qué tirar tanto, para qué todas esas mujeres? ¿No es siempre lo mismo? -le respondió.

- Claro que no.

- Bueno, con los libros también es siempre diferente. Como los polvos, hay libros buenos, malos, mediocres y excelentes. Hay libros que, como el buen sexo, lo llevan a uno a lugares insospechados, le producen sensaciones tan placenteras que son difíciles de explicar. Hay otros que, por malos, uno quiere que se acaben rápido, porque no despiertan nada, son mecánicos y sin sentido. Están los mediocres, esos que siempre dan la impresión de poder haber sido mejores. Y están los que van más allá: los libros excelentes, que lo hacen a uno desear que no se terminen, que el éxtasis dure para siempre; un éxtasis capaz de revolverle a uno las tripas, de hacerlo ver la gloria, de hacer sentir que se está en contacto con algo trascendente, tal vez eterno y posiblemente insuperable. No, amigo mío, no todos los libros son iguales y hay lecturas que lo cambian todo.

Sin mencionar que hay libros que a la Iglesia no le gustan y los prohíbe. Como el sexo fuera del matrimonio.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y hay libros, como polvos, q uno quiere repetir y cada vez que lo logra encuentra mejores detalles... termina uno siendo adicto

Anónimo dijo...

Si es asi, termina una siendo adicta....jajaja aunque creo que mas uno que al otro....