lunes, 31 de octubre de 2011

Petro

El nuevo alcalde de Bogotá es Gustavo Petro. Ahora le pertenece una alcaldía que, al comienzo de la campaña, parecía estar lista para una nueva llegada de Enrique Peñalosa. Eso, claro, antes de que decidiera meterse en la cama con criminales. No aprendió la lección de hace cuatro años, cuando perdió con Samuel Moreno por aceptar el apoyo de Álvaro Uribe. Volvió a hacerlo y perdió unas elecciones que habría ganado con una mano amarrada en la espalda. Quedaron demostradas dos cosas: primero, Peñalosa es una bestia, el gerente derivó demasiado fácil hacia el politiquero; segundo, Uribe ya no endosa un voto ni para elegir al administrador de un conjunto residencial.

Petro será el alcalde de Bogotá. Personalmente, aunque estoy de acuerdo con varios de sus postulados, no voté por él. No me inspiró la suficiente confianza, cosa que me sucede con frecuencia al tratarse de Petro desde que votó por el actual procurador. En las elecciones pasadas para alcalde cometí el error de votar por alguien que no me convencía del todo pero que, supuestamente, defendía las ideas de la izquierda. Todos sabemos cómo terminó de mal eso. A diferencia de Peñalosa, yo sí aprendí la lección para estas elecciones y para las que vienen: si no estoy convencido, no voto por nadie. Punto.

Sin embargo, espero de todo corazón que Petro gobierne bien. Es un tipo serio y muy inteligente, un gran líder con capacidad de mando y argumentación. Ojalá esas virtudes se encaminen a sacar a Bogotá del hueco infecto en el que está porque, sinceramente, no sé si esta ciudad aguante otros cuatro años de desastre. Ojalá lo haga muy bien, concentrado en la ciudad para mejorarla y no para usarla como trampolín para llegar a la presidencia. No fue el candidato de mi elección y me despierta varia inquietudes pero, así como cuando uno critica al delantero del equipo del cual es hincha, esperando silenciosamente que el tipo haga gol y le calle la jeta a uno, espero que cuando Petro termine su mandato las cosas en esta ciudad estén mejor.

Una buena alcaldía de Petro, además, le abriría las puertas a verdaderas alternativas en la política colombiana. Por otro lado, siendo un hombre que abandonó el camino equivocado de las armas, un éxito suyo como alcalde sería un gran paso para alcanzar una verdadera reconciliación nacional. Está en sus manos no embarrarla y salir con un chorro de babas teñido de populismo.

Por el bien de todos y el de Bogotá, esperemos que en cuatro años se pueda dar un parte positivo sobre el mandato de Petro.

1 comentario:

BGeek dijo...

De acuerdo con vos.