viernes 20 de mayo de 2011

Reflexiones estériles y zonzas.

En la esquizofrenia de la vida diaria en este país, uno tiene ideas extrañas. Por ejemplo, cae en el ejercicio estéril del análisis contrafactual. Y se imagina uno que en medio de la furia alegre con la que los colombianos nos apropiamos de los triunfos de nuestros compatriotas (porque Colombia es una madre envidiosa que siempre quiere apropiarse de los triunfos de sus hijos), en este caso los tres jugadores del Porto que nacieron en esta tierra, el gobierno anterior hubiera encontrado una elemento de propaganda inmejorable: Freddy Guarín nació en Puerto Boyacá, "capital antisubversiva de Colombia". Quienes conozcan la historia de las últimas décadas en Colombia y esa zona en específico saben por qué recibe ese nombre. En fin, el punto es que el gobierno de Uribe bien podría haberse atribuido ese triunfo como un logro de la Seguridad Democrática. De nuevo, hay que remitirse a la historia para saber por qué.

Hace unas semanas, otro episodio absurdo acaeció en Bogotá. Una pareja de jóvenes se intoxicó con alcohol adulterado. Hasta ahí, nada raro, es una cosa que sucede a diario en este maizal donde la gente bebe Frutiño diluído en alcohol antiséptico. Lo absurdo es que tal episodio sucedió en un bar exclusivísimo de Bogotá, en el parque de la 93; un bar de esos donde no dejan entrar gente fea y pobre: Mármara. Y uno piensa: que uno se intoxique por comprar el trago extrañamente barato, creyéndose un campeón negociador (como los que compran celulares robados: luego no se quejen si les dan una puñalada por robarles el teléfono), pues vaya y venga, quién lo manda a ser tan tarado. Pero intoxicarse cuando está pagando el trago con un sobreprecio demencial... no hay derecho.

La investigación sobre el hecho continúa, pero las primeras pesquisas arrojaron que no había trago adulterado en Mármara. Cosa difícil de creer. De todas formas, con esos precios, eso no era trago adulterado, era "ligeramente modificado".

Y está el escándalo de la salud, cuyo último episodio son los aportes que parece haber dado Saludcoop al Partido Liberal, el Conservador y a Cambio Radical. A ver qué arrojan las investigaciones. Por ahora, sólo se ha logrado una cosa: otro nombre pendejo para un escándalo colombiano; en este caso, Saludcoopolítica. Porque aquí no es sino combinar a los implicados con la palabra 'política' y queda un bonito nombre que resta seriedad a lo que sucede: Farcpolítica, Parapolítica, Yidispolítica, etc. Y uno podía llegar a entender que un término como 'parapolítica' hace más sencillo referirse al tema y es fácil de pronunciar. Pero Saludcoopolítica es un jodido trabalenguas. Preferiría el Cartel del Ibuprofeno o algo así. Que también es una pelotudez.

Ya ven: puras reflexiones estériles y zonzas.

jueves 5 de mayo de 2011

Nuestro negocio es cosa nostra

En El Padrino, la novela de Mario Puzo, hay un pasaje en el que Vito Corleone, reunido con las cabezas de las demás familias de la mafia de Nueva York, habla sobre el mundo en el que están inmersos, donde hombres poderosos rigen el destino de los demás y se inmiscuyen en los asuntos de los mafiosos, que según Vito, sólo quieren proteger sus propios intereses. Corleone lo dice así: "¿Por qué debemos obedecer unas leyes dictadas por ellos, para su propio beneficio y en perjuicio nuestro? Y ¿con qué derecho se inmiscuyen cuando pretendemos defender nuestros intereses? Nuestros intereses son cosa nostra. Nuestro mundo es cosa nostra..."

Con el escándalo (sí, uno más) de los desfalcos a la salud recordé de inmediato esa parte de El Padrino. ¿Por qué? Pues porque lo que pasó con Acemi y las EPS remite de inmediato a la mafia. Como mafiosos se comportaron, coludiéndose para negar a los colombianos la atención médica necesaria, todo en aras de gastar menos. Pero no para ahí: al Estado sí le cobraban el costo completo de los tratamientos, cuando a los pacientes no se les daban todos los medicamentos ni las consultas. Para completar, las EPS también recibían del Fosyga dinero por los procedimientos médicos que se veían obligadas a proveer cuando los pacientes, por medio de una tutela, lograban acceder a los servicios médicos necesarios. Cobros y recobros. Un desfalco de miedo.

El servicio de salud en Colombia está en manos de una mafia, como tantas otras cosas. Uno de los más elementales derechos de cualquier ser humano está bajo el control de mercaderes y hombres de negocios a los que poco importa la pila de muertos a las puertas de los hospitales. Llenarse los bolsillos es lo verdaderamente importante. Como en la mafia. Lo suyo no son los pacientes, los medicamentos y el tratamiento de enfermedades, es hacer dinero a toda costa. Como en la mafia. Lo de Acemi y las EPS es ganar millones y asesinar gente (o dejarla morir, que para efectos prácticos es la misma vaina). Como en la mafia.

Ya que Acemi y las EPS han asumido el modelo mafioso, deberían pensar en apuntalar su imagen. Es bien conocida la costumbre mafiosa de usar simbolismos en sus asesinatos: el canario sobre el cadáver de un soplón, el pescado para indicar que el muerto "duerme con los peces"... En ese orden de ideas, tal vez las EPS deban comenzar a asesinar gente, diga usted, ahorcándolos con estetoscopios, o electrocutándolos con desfribiladores, o clavándoles bajalenguas en los ojos. Que quede claro quién lo hizo y la gente quede asustada para que no se atrevan a exigir la atención médica que les deben. Mata uno, asusta a diezmil. Que desafíen a todo el país: "Nuestro negocio, así sea su salud, es cosa nostra".

A ver en qué para todo esto. Si es que la próxima marranada que surja lo permite. Al paso que vamos, a Colombia le va a tocar cambiarse el nombre a República Independiente de los Desfalcos en Varios Rubros.