martes 26 de julio de 2011

Un par de audífonos

Dice Lipovetsky que el desarrollo de dispositivos personales para escuchar música, como el Walkman antes y ahora el iPod, es uno de los rasgos fundamentales del proceso de individualización en el que estamos inmersos los seres humanos. Cada quien anda en su propio mundo cuando se pone los audífonos y escucha lo que desea, sin depender de lo que suene en el ambiente. Es parte, para bien o para mal, del camino evolutivo del ser humano.

Menos aquí, claro. Porque aquí existe gente lo suficientemente cretina como para subirse a un bus y poner música en el celular, pero sin audífonos, sometiendo a los demás pasajeros a escuchar lo que trae en el aparato. Como si no fuera suficiente con las emisoras que suelen poner los conductores de buses y taxis. Y entonces todos los pasajeros tienen que someterse al gusto del pelotudo que cree que lo que le gusta a él tiene que gustarle a todo el mundo. Que suele ser reguetón y vallenato, azotes de los que usamos transporte público. Las maldiciones también se actualizan con la tecnología.

Hagan el favor de dejar de ser tan idiotas y consíganse unos audífonos. Cada quien con la música que le gusta y todos contentos. Si usted tiene callos en los oídos y le gusta el reguetón, por favor no asuma que todos tenemos de esos mismos callos. Gracias.


P.D. Ahora dimensiono mejor el grandísimo favor que me hizo mi tío/padrino al regalarme un iPod.