jueves, 26 de enero de 2012

K.O.

Uno, dos, tres.

Golpéalo fuerte. Es la única forma de no ahogarse en la miseria.

Un gancho, un recto a la barbilla.

Los niños tienen hambre. De ti depende que no se acuesten de nuevo sin comer.

Uno, dos, tres.

Dale duro en las costillas, en el abdomen, en la cara. Pégale como si hubieras comido algo antes de pelear. Después de todo, a ti la fuerza te viene de otro lado, no de la comida.

Recto a la nariz, uppercut en la quijada.

Él está mejor entrenado y alimentado, pero no tiene tu necesidad, el agobiante apremio por ganar la pelea porque la vida va en ello. El hambre fue tu sparring.

Uno, dos. Uno, dos.

No bajes los brazos. El cansancio no es una opción. Tampoco dejarte golpear muy fuerte. Esta noche quieres besar a tu mujer, no a la lona.

Uno, dos. Uno, dos.

Quieres llegar a tu casa con la paga en el bolsillo. Quieres sonreír cuando mires a los ojos a tu mujer y a tus hijos.

Esquiva, bloquea. Que se canse primero que tú. Las cuentas no dan espera.

Ahí está. El cabrón bajó los brazos. Tira un golpe que salga del fondo del alma, impulsado por las noches pasadas en vela pensando en cómo conseguir dinero y mantener a tu familia. Desquítate, aunque sea por una noche, de las apaleadas que te da la vida.