miércoles, 4 de abril de 2012

Libres

Proclamaban los medios de comunicación que uno de los episodios más oscuros de nuestra historia había terminado con la liberación de los últimos diez policías y militares secuestrados por las FARC. Los últimos 'canjeables'. Los últimos "prisioneros de guerra" (como cínicamente los llama la guerrilla) con peso político. Olvidan, claro, a los cientos de secuestrados civiles que aún están en poder de las FARC. Como los han olvidado los gobiernos colombianos: a estos secuestrados es más difícil tildarlos de "héroes de la patria", por eso no son tan importantes en términos de propaganda y éxitos mediáticos.

Quisiéramos creer que de verdad este episodio oscuro está llegando a su final, que una negociación o una derrota de la guerrilla está cerca. Que por fin vamos a salir de esta guerra. Supongamos que así es. La guerrilla se desmoviliza, entrega las armas y libera a los secuestrados. Se termina la pesadilla de la guerra, ya no hay secuestros y Colombia puede por fin seguir adelante. La guerrilla desaparece. Alcanzamos la paz.

¿Sería así? No, no lo sería. Si se acaba la guerrilla, nos daríamos cuenta entonces que ese era un problema, uno grande, pero no el único. Que hay otros, tal vez peores, que nos aquejan y sumen al país en la desgracia. Nos daríamos cuenta de ese cáncer terrible que hace rato hizo metástasis en nuestro sistema; ese que cambia de razón social pero es el mismo desde siempre; ese que algunos consideran "un mal necesario" y minimizan su holocausto. Esos, los paramilitares, los de ayer y hoy, seguirían ahí, apoyados desde las altas esferas, potenciados por el mismo narcotráfico que le da combustible a la guerrilla. Y entonces sería más claro cómo nos engañó el culebrero de los ocho años, el hipnotista capaz de convencer a medio país de que lo había solucionado todo.

Ahí seguirían la iniquidad, la corrupción, la desigualdad, el cinismo de los poderosos que roban sin empacho, la inseguridad, la violencia gratuita del día a día. Colombia no tiene un enemigo único y un solo problema, así lo repitan los que sabemos.

Pero sea este un momento para tener esperanza. Episodios como las liberaciones son pequeñas interrupciones de nuestra tragedia dignas de agradecer. Para diez hombres terminó un paso por el infierno. Llegaron a la libertad, que en Colombia, por alguna razón, se volvió un lugar y no un estado. Ojalá no la encuentren tan agreste y despiadada como es para la mayoría de colombianos. El país olvida con facilidad a los que una vez llamó héroes.

1 comentario:

Televisores Pantalla Plana dijo...

En verdad esta publicación deja mucho que pensar, en este momento es preciso recordar todas las sabias palabras que decía Jaime Garzón,acerca de esta cruda realidad en la que está sumido este país ciego y olvidadizo.