domingo, 5 de agosto de 2012

Desilusión (ilusión)

Lo intentas. Tratas. Es necesario que aprendas. Hay que ganarse la vida con un trabajo de verdad. La rutina no es problema y nunca lo ha sido: te habitúas fácil a ella. Te ayuda a ordenar el mundo. Eso sí, la vida se va reduciendo a esperar que llegue el viernes.

Tienes ganas de hacerlo bien. Quieres aprender un oficio, entender sus maneras y sus formas. Estás motivado, lo que es muy extraño en ti. Deseas con todas tus fuerzas hacerlo bien y llegar lejos. Al principio parece que así será. Sientes que puedes durar mucho tiempo en ese lugar, haces lo que haces con dedicación y ves el futuro un poco brillante. Tal vez el fracaso laboral no es la única opción.

O tal vez sí. Porque poco a poco te desmotivas. Luchar contra tu propia incompetencia ya es muy difícil, y aquí es necesario también luchar contra la de los demás. Y te cansa esa pelea. Mantener los brazos arriba es demasiado fatigante. Hacer tu trabajo no es fácil cuando quienes lo deberían apoyar le hacen zancadillas: la burocracia se vuelve un oponente invencible, una fortaleza inexpugnable de papeles, formularios y trámites que le roban tiempo al aprendizaje valioso. Burócrata, en tu vocabulario, se vuelve una forma de insulto.

Se acaban las ganas. Te acomodas a la lentitud y la desidia de los demás. Quieres que tu forma de hacer las cosas se imponga, pero eres el único. Todos han entendido que no hay forma de modificar la costumbre. Nada avanza a la velocidad requerida, pero así lo ha sido siempre. No puedes cambiarlo. Y sufres las consecuencias. Ahora hasta la falta de memoria de los demás es tu culpa.

Es posible que no sirvas para esto. Que no sirvas para nada. Una vez más piensas en la desilusión que debes ser para quienes te rodean y creen en ti.

Y el único camino que contemplas para ganarte la vida es tan elusivo y difícil, que en realidad no parece  posible. Pero es lo único verdaderamente importante. Sin embargo, las cosas importantes para ti no sirven para llenar la cuenta bancaria. De todas formas, día a día, crees más en esa como la única forma posible de llegar a algún lado. Tu única utilidad parece ser tratar de descifrar el mundo con palabras. Ellas son tu tabla de salvación. Leerlas y escribirlas parecen ser las únicas actividades capaces de hacerte sentir a gusto por completo. A gusto contigo mismo y con la realidad, esa que siempre has visto como si fuera literaria: la has leído como si fuera un libro.

Imaginas tu nombre en letras de molde: la idea te hace sonreír.

Te da miedo no lograrlo. Son más los que han quedado tirados en la cuneta. Temes no tener lo necesario. Aún así, sabes que vas a terminar intentándolo. No tienes otra opción. El miedo y el hastío pueden impulsarte. Nunca se sabe. La desesperación es una fuerza poderosa.

"Sí -responde-, haces bien en tener miedo. Empieza a escribir, haz el favor, y espero que esos versos sean tu obra maestra".

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