sábado, 17 de noviembre de 2012

La vida está en otra parte

Despertó y se levantó en silencio. Su esposa dormía. Soñaba algo bueno y alegre, porque sonreía. La miró con detenimiento y también él sonrió. Fue al estudio y sacó lo que tenía escondido en la gaveta con llave. Era muy temprano: abrió las cortinas para ver el amanecer.

Sentado en el sofá bajo la ventana, con la espalda hacia el vacío y las piernas cruzadas como si fuera a meditar, pensó de nuevo en su mujer dormida y sonriente. El gato llegó y se echó en su regazo, pidiendo una caricia. Lo consintió durante unos minutos con la mano libre. El animal ronroneaba de placer y él disfrutaba el cariño entre los dos. Cuando se cansó lo apartó con suavidad; el gato se fue hacia el escritorio y se recostó para dormir.

Miró alrededor. Recorrió mentalmente su hogar y el camino que lo había llevado hasta donde estaba, en lo que había construido, en los esfuerzos invertidos y en la alegría de haberlo logrado. Fue mucho trabajo. Pero ahí estaba: en la cima. Por lo menos la que él podía alcanzar.

El sol comenzaba a aparecer. Luces rosadas y azules atravesaban los retazos de nubes del amanecer. En su mente se dibujó una vez más la imagen de la mujer dormida en la habitación al final del corredor. Sus pensamientos anteriores, esa imagen sonriente y lo que veía por la ventana lo llenaron de una diáfana sensación de paz.

- Qué bonito es todo esto -dijo.

Con un rápido movimiento soltó el disparo contra su paladar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Simplemente horrible. Hola Ivan,mucho día sin visitarte,me tragó el face, parece que ahora me le he escapado un poco. Saludos. Blanca, de Monologando.

RAFAEL HERNÁNDEZ U. dijo...

Perfecto. Ese ejemplo debería seguirse.
@RH1N1