miércoles, 12 de marzo de 2014

Cosmos

"El cosmos es todo lo que es, todo lo que fue, todo lo que será". 

¿No les dio emoción volver a oír eso en televisión?

En 1980 salió al aire Cosmos, la serie creada por Carl Sagan. Trece capítulos que fueron todo un éxito y convirtieron a Sagan en un científico famoso. La labor de divulgación científica del programa fue alabada: Sagan tenía un talento único para explicar conceptos que en principio podían parecer incomprensibles para la gente del común. El científico estadounidense le abrió las puertas del conocimiento del universo a millones de personas.

Varios años después, cuando yo era muy niño, en la televisión colombiana se pudo ver Cosmos. Además, en la biblioteca del colegio en el que estudié estaban los videos de la serie. Los profesores nos ponían a ver algunos capítulos, relacionados con los temas de clase. Yo estaba maravillado con lo que veía. Mi imaginación infantil sintió una expansión de tales dimensiones que nunca pudo volver atrás. Uno no puede volver a ser el mismo luego de saber todas las cosas magníficas que están ahí afuera para ser observadas y comprendidas. Si hasta llegué a creer que sería un científico, o por lo menos un adulto inteligente. Ninguna de las dos, pero bueno.

Tiempo ha pasado desde esos días. Ahora es más comprensible para mí lo expuesto por Sagan en la serie, puedo entender su intención de hacernos comprender que somos apenas una pequeñísima parte del universo, no su centro y su razón de ser. Que con la habilidad que tenemos para transformar el mundo viene el deber de cuidarlo, pues es el único hogar que tenemos. Que debemos estar en guardia contra las mil y una charlatanerías que intentan confundirnos disfrazándose de ciencia. Que la curiosidad, la duda y la crítica son nuestras mejores armas para descifrar el universo, "la mente de Dios", como escribió Stephen Hawking. Que el método científico fue el avance que le hizo posible a la especie humana llegar a las estrellas. Todo eso y más nos enseñó Carl Sagan.

Para alegría de todos los que disfrutamos con esa serie, una nueva versión comenzó a emitirse por el canal National Geographic. Un buen cambio frente a esa seguidilla de programas orates que ahora dominan la parrilla de los canales "culturales": extraterrestres, profecías, casas de empeño, visiones apocalípticas del futuro. Pocos programas que en realidad enseñen algo, como los hubo antes. Solo tonterías y más tonterías, como eso de Alienígenas ancestrales, una locura que bien definió el mismo Sagan en El mundo y sus demonios: "Así, en una época en que las religiones tradicionales se han visto sometidas al fuego abrasador de la ciencia, ¿no es natural envolver a los antiguos dioses y demonios en un atuendo científico y llamarlos extraterrestres?". Al History Channel no le cambian el nombre por Prophecy-Alien-Pawn Shop Channel porque no sería práctico.

Esta nueva versión es presentada por Neil deGrasse Tyson, quien se hizo muy famoso en internet por un meme hecho con una fotografía suya. Pero son sus méritos científicos y su habilidad comunicativa los que lo llevaron a ser el elegido para presentar el programa. Y lo hizo muy bien: no es Carl Sagan y no intenta serlo, de ahí su éxito. Con su humor y su estilo propio nos lleva a seguir el viaje que iniciamos con Sagan. Incluso, en un momento muy conmovedor del primer capítulo, Tyson contó que también le debía algo de lo que es a Sagan: él recibió un día en la Universidad de Cornell a un joven Tyson que estaba interesado en la astronomía, le regaló un libro y se lo firmó, le ofreció quedarse a dormir si el clima no le permitía volver a su casa. Dice Tyson que Sagan no solo le mostró el camino en cuanto a lo profesional, sino que también le mostró la clase de persona que quería ser. A un nivel mucho más personal, Sagan fue importante para Tyson, como lo fue para muchos de nosotros.

El primer capítulo revivió toda esa sensación de maravilla de hace tantos años. La mejora en los efectos visuales y de sonido permite hacer todavía más grandiosa la visión que Sagan tuvo hace más de treinta años, incluyendo una actualización de la Nave de la Imaginación. Otra vez estuvo ahí el deslumbramiento ante los infinitos prodigios de la realidad, la curiosidad por los misterios aún sin develar, la fascinación ante lo insignificantes que somos en el universo, una especie que habita un punto infinitesimal de la inmensidad del espacio, pero que aun así tiene la inteligencia y la imaginación para llegar más allá, para buscar lo que a simple vista sus ojos no pueden ver. Ahí está la certeza de que la Cosmología es un gran antídoto contra la soberbia de la humanidad.

Aunque uno ahora pueda entender mejor los conceptos expuestos en Cosmos, e incluso pueda cuestionarlos, encontrar errores y señalar falencias en su abordaje de la historia de la ciencia, lo más bonito de que vuelva el programa es que uno puede volver a sentirse como un niño asombrado, ser de nuevo ese niño que mira al cielo y con ojos atónitos observa el universo.

Ann Druyan, la viuda de Carl Sagan, cuenta una hermosa historia: una vez, en Washington D.C., un botones de Union Station se negó a dejar que Sagan le pagara por cargarle las maletas. Rehusó recibir el dinero mientras le decía a Sagan: "Usted me dio el universo".

Probablemente yo tampoco le habría cobrado por cargarle las maletas. A mí también me dio el universo.

3 comentarios:

Ainigriv dijo...

No he visto cosmos ,hace algunos años intente verlo pero no recuerdo porque ya no lo vi ,con este post me has despertado las ganas de verlo ,la ciencia y estos temas me llaman mucho y me gusta ver de todo ,para someterlo a critica ,buscare esos videos,saludos!

Camila Fonseca dijo...

Camilo, como siempre gracias por escribir, es inspirador poder conocer de primera mano tu visión de este mundo.

Salgo corriendo ya mismo a buscar los capítulos originales.

Mariana dijo...

No se muy bien como llegué a este blog, pero ya me declaro fan total (me lo leí todo) y no se aún cual me gusta más.

Felicitaciones