miércoles, 5 de marzo de 2014

Ir a cine

Ir a cine tiene algo de liturgia. Escenificación de misterios, búsqueda de respuestas, reflexión, encuentro con uno mismo. En la sala de cine se vive algo similar a una ceremonia, a un acto sagrado donde en una pantalla se cuenta una historia, pero también se proyecta algo de nosotros mismos. Hay quienes para buscar consuelo o encontrarse a sí mismos van a una iglesia. Yo voy a cine.

Aun cuando hoy en día es más fácil, y barato, ver las películas por internet, o comprarlas para verlas en casa,  ir a cine sigue siendo mi forma preferida de ver películas. La sala de cine es el mejor lugar que existe para ver una película, a pesar de los inconvenientes de la interacción con gente que, por desgracia, no siempre sabe comportarse. En lugar de estar pendientes de la pantalla hacen ruido, tienen la necesidad al parecer irreprimible de comentar la película (casi siempre tontamente) y hablan, comen como bestias, suerben la última gota de gaseosa en el vaso como si en eso les fuera la vida: ya, hermano, se le acabó, no insista más. Y la más común en la actualidad: el celular. Al parecer nos hemos convertido en una especie idiota, incapaz de vivir sin revisar todo el tiempo el teléfono, las notificaciones sobre alguna interacción irrelevante en Twitter o Facebook que bien podría esperar dos horas. Apagar el teléfono les suena a pecado a algunos, perder una llamada les produce una ansiedad incontrolable y no chatear por un par de horas es como si les faltara el aire. Con el brillo insidioso de la pantalla del aparato que se les llevó la cortesía, el respeto y por ahí derecho parte de sus capacidades cognitivas, bien pueden arruinarle a uno partes de la película.

Y, sin embargo, la sensación de estar en la sala de cine sigue siendo irremplazable.

Los televisores de pantalla plana y alta definición a ratos son un buen y necesario substituto. En casa puede uno crear el ambiente correcto para ver una película, realmente verla, evitando las distracciones y dándose la oportunidad de apreciarle totalmente. Pero continúa siendo un sucedáneo de la sala de cine, de la oscuridad envolvente y el sonido que retumba bien adentro, del trance en ese sitio diseñado para darle lugar a los sueños y a la magia. Cuando se inventó el cine, una de las primeras películas proyectadas fue una que mostraba un tren desplazándose hacia el espectador. La gente se tiró de las sillas creyendo que moriría atropellada. En el principio, el cine parecía una cosa mágica, y de magos era hacerlo, como bellamente se ve en Hugo, la película de Martin Scorsese. Aún tiene magia, aún es el vehículo de los sueños. Y todavía nos recuerda que esos sueños son parte importantísima de lo que nos hace humanos, que la ficción es una forma privilegiada de insertarnos en la realidad. De conocernos.

Por eso sigo yendo a cine, lugar con residuos de lo sagrado, o viendo películas en mi casa. Todas las que pueda. No sé mucho de cine, en realidad, pero esa es la forma de aprender. Ojalá sin convertirme en uno de esos seres que se regocijan en el pleonasmo de la expresión "cine-arte", para los que toda película comercial es necesariamente mala, pero si E.T. estuviera hablada en checo sería una fábula intergaláctica sobre la incomprensión entre las razas y las especies, sobre un mundo infantil poblado de compasión y alegría enfrentado al mundo adulto que ha sucumbido al miedo, la tecnología y la soberbia de creer ser la única forma de vida inteligente en el universo, una metáfora para mostrar la salvación que reside en la mirada limpia de un niño. 

El cine no es para eso. Ningún arte ni conocimiento es para caer en esa actitud insufrible. El cine es para reconocer lo que somos: esa pantalla de luz en las tinieblas es una ventana que, en lugar de mostrar el paisaje del otro lado del cristal, nos deja ver para adentro. Cuando se ve una buena película, como dice en alguna parte de 2666, "uno mete su cabeza en el interior de su propio pecho y abre los ojos y mira".
 

1 comentario:

Ainigriv dijo...

Hola ,soy Ainigriv , estoy retomando la blogosfera y empece a buscar blogs para conocer y seguir , me tope con el tuyo y he leido este post que me agrado bastante , comparto tu idea respecto ir al cine , de hecho comparto varios puntos:
suelo ver las pelis en internet , pero soy fan de las de ciencia ficcion y esas a fuerzas tengo que verlas en el cine , la experiencia como tu bien dices no se compara.
Tambien es cierto lo de verse reflejado , muchas de las peliculas que he visto me han dejado pensando porque de alguna forma , he visto algo de mi vida en ellas .
Respecto al cine comercial y de arte , tambien estoy de acuerdo ,creo que hay gustos para todo y si bien me gustan las peliculas con argumento , tambien me fascinan las de efectos a lo bruto , asi que , es cuestion de encontrar el equilibrio.
Bueno ya me extendi , pero me gusto tu blog asi que te seguire por bloglovin , te invito a que te des una vuelta por el mio , seguro podemos ser buenos amigos blogueros, saludos! http://saboramujer-start.blogspot.mx/