lunes, 4 de agosto de 2014

Palestina

Sobre el tema ya se han regado caudalosos ríos de tinta y bytes. No podría ser de otra manera: el conflicto árabe-israelí es uno de los más notorios y sangrientos en el mundo. Todos parecen tener una opinión al respecto. Algunos se declaran pro-Israel o pro-Palestina con una ligereza y una agresividad muy propias de barras bravas, y defienden sus posiciones de la misma manera, sin detenerse a pensar ni un minuto en lo que dicen y hacen, escudándose en Dios o lo que sea para justificar su posición, sin enterarse mucho sobre la historia del conflicto o informarse mínimamente sobre lo que sucede. A la tragedia de la guerra se suma la desinformación y la falta de reflexión, que le dan fuerzas a las injusticias que se cometen y se han cometido en Palestina durante décadas.

Tratemos de ser más ecuánimes. O a lo mejor esta es mi contribución al ruido.

***

Lo que empieza con una mentira termina mal. La inmigración de judíos a Palestina fue alentada con una especie de eslogan de una mendacidad rampante: "Un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo". El sionismo, movimiento nacionalista judío que surgió a la par de otros nacionalismos en el siglo XIX, usó esta mentira para motivar a miles de judíos a desplazarse hacia Palestina, un territorio que sí tenía pueblo, incluyendo a una comunidad judía que habitaba allí hacía siglos y convivía en paz con los árabes (musulmanes y cristianos) naturales de la región.

¿Por qué a Palestina? Aunque el sionismo consideró otro territorios para establecer su país, la relación histórica entre el pueblo judío y Palestina fue determinante. Una relación que los sionistas se encargaron de reforzar con el uso de las Escrituras. Aunque el sionismo fue un movimiento más secular, en parte producto de la Haskalá, un equivalente judío de la Ilustración, los sionistas sabían bien que la religión era la forma de atraer a miles de judíos en todo el mundo. Basaron su derecho a vivir en Palestina en los escritos sagrados: un libro de cuentos usado como documento jurídico de propiedad. Nacionalismo y religión: los ingredientes para el desastre se mezclaban poco a poco.

La inmigración judía a Palestina, legal e ilegal, continuó su camino. Con dedicación y entrega casi sobrehumanas, los judíos construyeron kibutz y fueron estableciéndose en Palestina cada vez en mayor número, aumentando su importancia en el escenario político local. Aprendieron a defenderse de quienes querían echarlos. Se convencieron cada vez más que de que tenían un derecho inalienable y divino a estar allí.

A principios del siglo XX los poderes coloniales que se repartían el mundo comenzaron a desmoronarse. El Medio Oriente era un escenario importante en ese proceso. El Imperio Otomano se derrumbaba y el Imperio Británico quería apoderarse de las tierras al norte del Canal de Suez. Con la Primera Guerra Mundial se consolidó el mandato británico sobre Palestina. La Declaración Balfour estipuló que Inglaterra "veía con buenos ojos" el establecimiento de un hogar nacional judío en este territorio: los ingleses querían el apoyo judío en la guerra y en el subsecuente control del territorio palestino. Muchos judíos se unieron al ejército británico en las dos guerras mundiales.

Pero el Imperio también maniobraba con los intereses árabes, donde otros anhelos nacionalistas y religiosos hacían presencia y enrarecían el ambiente. Esos anhelos también ignoraban la convivencia pacífica que había sido posible entre musulmanes y judíos en Palestina, y abogaban por un país árabe en su totalidad, enarbolando estandartes insensatos de violencia e intolerancia, declarando que iban a "arrojar a los judíos al mar". Se cocinaba así un conflicto horroroso, donde el hombre blanco europeo, como en otras partes del mundo, tuvo buena parte de la culpa. El colonialismo europeo sembró semillas de conflicto en muchas partes, semillas que invariablemente brotaron en árboles de guerra y sangre.

El que tal vez sea el episodio más horrible de la historia del siglo XX desempeñó un rol determinante en la formación del Estado de Israel: el Holocausto judío, y el consiguiente sentido de culpa occidental por permitir tal aberración, facilitaron la creación del hogar nacional judío. Inglaterra se desentendió en gran medida del asunto y dejó en manos de la ONU la decisión. Los sionistas lucharon incansablemente para lograr que las Naciones Unidas aprobaran la creación de Israel, y lo lograron en 1947. Una paradoja, teniendo en cuenta que ahora buscan bloquear todo intento palestino por constituirse como un Estado ante la ONU, y que la decisión original en el 47 fue la creación de dos estados, uno judío y uno árabe. El 14 de mayo de 1948, cuando terminó el mandato británico en Palestina, David Ben Gurión declaró fundado el Estado de Israel. Podría decirse que casi al mismo tiempo comenzó la tragedia.

Desde entonces ha habido varias guerras entre árabes e israelíes. Los sionistas desplazaron a miles de palestinos y se apoderaron de más territorio en Palestina; mediante leyes y fuerza impidieron el retorno de estas personas a sus tierras y hogares. Los palestinos han sido presa de nacionalismos árabes que los han usado como excusa para atacar a Israel y negar su derecho legítimo a existir, y del islam y sus tendencias totalitarias. Olvidando la historia, varios líderes musulmanes han llamado a la destrucción de Israel y de los judíos, como si ambos pueblos no hubiesen vivido juntos durante siglos. Así, la fatalidad se ha reproducido a sí misma durante décadas, hasta el día de hoy.

Porque hoy asistimos a un nuevo capítulo de la barbarie. La operación Margen Protector ya ha cobrado varias víctimas en la Franja de Gaza, como lo hicieron Plomo Fundido y Pilar Defensivo en años anteriores. Hamas y sus cohetes le han dado a Israel una nueva justificación para, en nombre de la defensa, acabar con el pueblo palestino. Un castigo colectivo por los crímenes de una organización concreta.

¿A qué se debe la relevancia de Hamas? Esta organización ganó unas elecciones y se hizo con el control de la Franja. Ganó no porque todos los palestinos se identifiquen con el terrorismo o con la negación del Estado de Israel, sino porque se percibía a Al Fatah como un partido corrupto e incapaz que no había respondido eficientemente a las necesidades de los palestinos. Hamas, por otro lado, regenta escuelas y puestos de salud que conquistaron muchos votos. Además, la frustración y el odio generados por la situación opresiva de la vida en Gaza provocaron que muchos palestinos creyeran en los métodos violentos de Hamas.

Por supuesto, Israel respondió a esto. Aunque los colonos israelíes en Gaza fueron retirados, el control sobre la Franja se intensificó. La vida adentro está controlada por Israel, los movimientos de la población, el comercio que entra y sale. Todo. Una gran prisión a cielo abierto. Si bien algunas de las medidas buscan verdaderos propósitos de seguridad, otras no son más que la expresión de una política discriminatoria de Israel hacia los palestinos. Una política presente incluso al interior de Israel, donde la democracia parece ser solo para los ciudadanos judíos. Un apartheid.

Todo esto es un círculo vicioso: Israel aplasta a los palestinos y los palestinos ceden a los cantos de sirena del terrorismo, la insensatez política y la vesania religiosa. El pueblo palestino es instrumentalizado por otras naciones árabes para alcanzar sus propósitos, como en el caso de Egipto, Jordania o Líbano, e incluso son asesinados por los mismos árabes, como sucede en la actual guerra civil en Siria. Están atrapados y nadie le importan. En Gaza deben soportar un control despiadado que hace la vida casi imposible de llevar, indigna, y en Cisjordania deben ver cómo aumentan las colonias sionistas que devoran el territorio palestino, deben aguantar a colonos convencidos de estar en una misión de Dios, colonos que los martirizan, los golpean y atentan contra sus casas y familias. La ocupación continúa e Israel se niega a detenerla, se niega a cualquier solución que incluya volver a las fronteras previas a la guerra del 67, se niega a que exista un Estado palestino. Interviene y sabotea los intentos de unidad palestina, las tentativas de unión entre Al Fatah y Hamas. Se encierra en su convencimiento de ser la punta de lanza de la civilización occidental en Oriente Medio y sigue masacrando a los palestinos mientras el mundo mira impotente.

No se puede negar el derecho de Israel a defenderse de los cohetes de Hamas. Pero sus acciones van más allá de la defensa. Hay un apartheid y un intento de limpieza étnica. En la sociedad israelí ha calado muy hondo el racismo, el odio y la xenofobia (no solo contra los palestinos, como pueden ver aquí), como fue posible ver en ciertos tuits escalofriantes de jóvenes israelíes llamando al exterminio de los árabes, a quienes llaman con nombres de alimañas, o en las palabras de Ayelet Shaked, parlamentaria de la derecha sionista que dijo que todas las madres palestinas deben ser asesinadas porque "dan a luz a pequeñas serpientes". En Sderot, población cercana a Gaza, la gente saca sillas a la intemperie para ver los bombardeos y celebrar las explosiones. Esa es una descomposición contra la cual es muy difícil luchar. 

El ejército israelí bombardea escuelas y hospitales donde caen cientos de inocentes. Aducen que Hamas usa esos lugares y a la población civil como escudos. Quizás eso sea cierto, pero imaginaría uno que la incursión terrestre, además de para destruir los túneles de Hamas, serviría para atacar a los militantes específicamente y evitar bombardear este tipo de lugares donde los civiles han encontrado refugio.

Por su parte, en Palestina Hamas insiste en llamados a la resistencia que no consideran ni por un segundo formas pacíficas de hacerlo. Se insiste en los cohetes (como antes se hizo con los atentados suicidas). Esto puede ser comprensible: a veces la gente no ve otro camino ante la desesperanza, la agonía y el dolor. Pero si los palestinos hubiesen encontrado otras formas de lidiar con eso, si el terrorismo no hubiera sido el protagonista de la resistencia palestina, su superioridad moral en este asunto sería incuestionable, la crueldad del ejército israelí sería más notoria y no podría escudarse en la defensa. Esa guerra sería distinta.

Pero el desconsuelo y la frustración siguen, a lado y lado, y ambos bandos siguen perdiendo. Se trata el conflicto como si fuera cuestión de barras deportivas, como si no hubiera muertos de por medio, como si tanto israelíes como palestinos no hubieran cometido atrocidades sin nombre e injusticias calamitosas. ¿Acaso los dos bandos no han perdido vidas? ¿No tienen que vivir los dos en un perpetuo estado de crispación? ¿No es el mismo dolor el de una madre israelí o palestina al encontrar el cuerpo desbaratado de su hijo?

Si el conflicto árabe-israelí ha escalado es porque se oyen más las voces de los extremistas que las de los sensatos, extremistas que niegan estas verdades elementales del sufrimiento humano y, apoyados en sus nacionalismos deleznables o en la locura colectiva a la cual le seguimos dando el nombre de Dios, llaman a la guerra y el exterminio, a la negación y la deshumanización del oponente. Son estas las voces que han propalado la noción de que cualquier crítica al sionismo es antisemitismo, imposibilitando así cualquier discusión seria (eso es tan absurdo como decir que ser antiuribista es ser anticolombiano), e inventaron la bajeza del self-hating jew, el judío que se odia a sí mismo, para desvirtuar cualquier crítica al Estado de Israel hecha por un judío. Son estas las voces que pintan el terrorismo y la muerte como las únicas formas de defender al islam y a los árabes, de recuperar el territorio de Palestina. Mientras tanto, miles de seres humanos siguen cayendo bajo el peso de las bombas, las balas, el racismo, el irrespeto, la religión, la hipocresía y la sed de sangre.

La situación en Palestina es un nudo gordiano. Los sionistas se apoyan en el temor de Occidente (tal vez justificado) al islam para seguir con su ocupación de Palestina y el exterminio de palestinos. Se habla mucho del lobby judío en las potencias occidentales, pero poco de los evangelistas norteamericanos, esos delirantes de la Biblia que apoyan a Israel por la creencia en las profecías, y tienen el músculo financiero para hacerlo (Dios bendiga el negocio de las iglesias). Además a Estados Unidos le conviene tener a Israel como aliado político y militar en una zona donde no es muy apreciado, y mientras condena la violencia por encima del escritorio, por debajo envía armas y munición a Israel. Detrás de los Estados Unidos, muchos otros países apoyan a Israel, Colombia entre ellos. Las mezquindades de la política y el negocio son así, pero cabe preguntarse si los colombianos, que hemos sufrido, unos más, otros menos, y otros muchísimo más, los rigores de la violencia, no deberíamos tener un grado mayor de empatía con el pueblo palestino y su tragedia. Porque empatía hay también con los israelíes obligados a vivir en el miedo constante a que un misil impacte el edificio donde viven o donde trabajan, pero la maquinaria estatal de destrucción israelí ha sido mucho más eficiente y sanguinaria con los palestinos.

Por su parte, si los palestinos siguen creyendo en el extremismo y la violencia, y siguen negando el derecho de Israel a existir, no se podrá solucionar nada.

Es una suerte el aumento en el número de voces que llaman a la moderación y la sensatez, a una solución política inteligente del conflicto, resumida básicamente en la formación de dos estados (algunos más idealistas creen en la posibilidad de un Estado multicultural y en paz, pero eso parece menos probable). Por fortuna cada vez más judíos, incluyendo sobrevivientes del Holocausto, levantan la voz y dicen "no en mi nombre", critican las acciones bélicas de Israel y hacen un llamado a la concordia y la negociación. Tal vez así se abra una puerta para que por fin pare esa guerra demasiado larga y dolorosa. Porque el infierno no existe, pero a veces pareciera brotar en ciertas partes de la tierra, como en Palestina.

Sin embargo, la solución de este conflicto, desamarrar el nudo gordiano, pasa por otros lados además de las mesas de negociación. Esta guerra debe ser desmitificada, es necesario refutar las mentiras que la han rodeado (los sionistas han sido víctimas, sí, pero también victimarios). Ambas partes deben reconocer sus culpas.

El racismo y la xenofobia, el desprecio y la violencia entre árabes e israelíes comienza en la niñez misma. A los niños se les educa con eso en mente, como muestra un documental titulado Promesas. Si la desconfianza y el odio se cultivan eternamente y desde tan temprano, los adultos seguirán dispuestos a matarse entre ellos por los siglos de los siglos. Conocer al otro y comprenderlo sentaría unas bases más fuertes para la paz, mucho más fuertes que las que podría brindar la política. Esperemos que tanto israelíes como árabes, ojalá pronto, entiendan eso y se den la oportunidad de vivir en tranquilidad.

El año pasado, cuando murió Nelson Mandela, como suele pasar internet se llenó de frases escritas o pronunciadas por el líder sudafricano. El problema es que esas frases célebres rara vez se leen con verdadera atención; la profundidad y la sabiduría a veces se pierden en el anhelo de citar algo del recién fallecido. Se pierde la oportunidad de aprender algo y de vivir realmente bajo esos principios. Intentemos leer esta vez con más atención, recordemos a Mandela y la lección importantísima que su experiencia y sabiduría pueden aportar para este caso. Mandela, el magnífico Nelson Mandela, una vez escribió: "Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario".


Tal vez así estas imágenes se multipliquen, y ya ningún padre ni madre tendrá que salir corriendo con sus hijos a un refugio antiaéreo, o sacar el cuerpo destrozado de su niño de entre los escombros, o enterrar a sus familiares asesinados por quienes creen seguir las órdenes de Dios. No será necesario vivir con un miedo permanente y destructivo.

Tal vez así cada vez más personas se rehúsen a ser enemigas.


2 comentarios:

Fernando Contreras dijo...

Es un buen blog del conflicto con soporte de un par de videos. Me pareció que faltó profundizar en el pensamiento palestino y sus acciones y sí de varias aristas judías israelíes y estadounidenses.

Ainigriv dijo...

Te agradezco pir plasmar esto que nos dejas ,realmente no he estado muy enterada de lo que sucede en gaza y esto me aclara el panorama ,seguire al pendiente ,saludos!