martes, 3 de noviembre de 2015

Ella

La veo dormir entre mis brazos y entiendo por un instante luminoso lo que es la felicidad. Duerme tranquila, como si nada en el mundo pudiera dañarla, como si yo pudiera protegerla de todo. Yo, que siempre me creo incapaz de hacer cualquier cosa, pero ella me hace sentir que puedo lograr lo que quiera. La miro y siento una paz que difícilmente encuentro en otro lugar. Y doy gracias. Gracias por el camino que me llevó hasta ella. Gracias por haberme atrevido a amar de nuevo. Gracias por dejar que su amor me curara. La aprieto contra mi pecho y mi corazón celebra.

Y recuerdo a Rilke:

Las palomas que permanecieron en casa, nunca expuestas a la pérdida,
inocentes y seguras, no pueden conocer la ternura;
solo el corazón recobrado podrá estar satisfecho: libre,
a través de todo lo que ha dejado atrás, para regocijarse en su maestría.

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