domingo, 17 de enero de 2016

El abrazo de la serpiente

Salí de ver El abrazo de la serpiente con ganas de llorar.

Al principio no entendí por qué. Era algo más profundo que la belleza de las imágenes, de esa cinematografía hipnótica que lo sume a uno en el torbellino de las tinieblas de la selva, donde pueden nacer y crecer las peores pulsiones del hombre y donde la sabiduría, como en todas partes, solo le habla a quienes muestran respeto y la cultivan. La exuberancia multicolor de la jungla se torna oscura cuando la pasión devoradora y demente de los hombres la invade.

Pensé en El corazón de la tinieblas y en Apocalipsis ahora, pensé en la razón y el saber que se extravían cuando la ambición y la soberbia toman las riendas.

Entendí entonces que tenía ganas de llorar porque la película es una canción triste y dolida por todo el conocimiento perdido, por las voces sepultadas. Por todo lo que nunca sabremos por culpa de la voracidad y la codicia.


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