viernes, 17 de junio de 2016

¿Dónde vemos el partido?

En los días con tanto fútbol por televisión, los comentaristas siempre se vuelven un tema de conversación. Sobre todo en esta ocasión, cuando RCN y Caracol están peleando por el raiting.

RCN se metió con toda, incluyendo una horrorosa versión de la canción que sacaron para Brasil 2014, esta vez a cargo de ese desastre conocido como Silvestre Dangond. Hasta contrató a Hernán Peláez, y negoció con él una bonificación por cada punto de rating que le bajaran a Caracol. Pero Caracol les va ganando. Esa platica se embolató.

¿Por qué irá perdiendo RCN? Una razón puede ser que ponen como a 128 comentaristas en los partidos de Colombia. Y los 128 dicen lo mismo. Las obviedades no son patrimonio exclusivo de Faryd Mondragón. Además, son los narradores y comentaristas que uno padece todas las semanas viendo el fútbol colombiano, así que oírlos también con la selección puede llegar a saturar: las mismas muletillas, los mismos despropósitos. Dizque "te comiste ese gol con papas a la francesa y salsa rosada". Si las papas a la francesa se comen es con salsa de tomate.

¿Y qué es un "campeón mundial de positivismo"? ¿El que lee más libros de Comte en menor tiempo? No es lo mismo positivismo que optimismo. Alguien avísele a Eduardo Luis López.

Parece que los domicilios le están llegando pero a Caracol, que sigue siendo el favorito de la hinchada colombiana para los partidos de la selección. También son transmisiones horribles como las de RCN, con previas hiperextensas sumamente aburridoras y chabacanas (por favor, no más, no más con pedirle a un hincha aleatorio que narre un gol imaginado de Colombia), y con comentarios sosos, incomprensibles o francamente tontos ("retroceder para atrás", "igual pero diferente", ambos made in profesor Alfaro). Supongo que la audiencia ya está acostumbrada a los disparates de Hernández y Fernández. (¿Peluffo es el capitán Haddock? ¿Juan Pablo Hernández es Milú?)

Es más: creo que a la mayoría de los hinchas colombianos les gusta la exageración de Javier Fernández al gritar uno, dos minutos un gol, como un Enrico Caruso de bajo presupuesto. Les gusta su racismo de bacán: James tiene nombre, Bacca tiene nombre, Ospina tiene nombre, pero Marlos, Cuadrado o Fabra son "mi negro". Ríen con las tonterías de Hernández Bonnet ("bravo lo de Bravo", ¿eh ¿eh?) y deliran con el triunfalismo exacerbado de las transmisiones de Caracol. Ni modo: si eso es lo que gusta, así va a seguir. No se acaba hasta que pita el árbitro.

Ojalá se atrevieran a transmitir fútbol de otra forma. No digo que con la frialdad europea, que uno no sabe si fue gol, no fue o están discutiendo a Kant. Pero algo menos tonto y escandaloso estaría bien, con menos muletillas que son graciosas la primera, la segunda y hasta la tercera vez, pero luego se vuelven fastidiosos lugares comunes de la transmisión. Llega el punto en que uno deja de poner atención a lo que están diciendo.

¿Será que la única opción es ver los partidos sin volumen? Esperemos que no.



P.D. Dejar de transmitir previas inútiles de dos horas sería un buen comienzo.


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