viernes, 10 de febrero de 2017

Oh Führer, mein Führer



¿Qué pensaría Whitman de los Estados Unidos de hoy? ¿Cómo serían sus poemas al ver que la "pujante nación de naciones" a la que le cantó va en retroceso y reniega de su fuerza y su pasado?

La nación de naciones solo quiere ser un país para blancos. Si alguna vez existió, del Estados Unidos de Whitman no queda nada. Qué ingenuas y candorosas suenan hoy sus palabras.

Ahora un Führer anaranjado está al mando. El racismo, la xenofobia y la brutalidad son el credo de la nación, la mentira y la calumnia el nuevo idioma, la estafa el principio del éxito, la estupidez y la ignorancia motivos de orgullo. Las barras y las estrellas ondean sobre el abismo, sostenidas por un narciso experto en el engaño y un neonazi que busca con fervor la tercera guerra mundial.

Los lobos convencieron a los corderos de que estaban a su favor.

Y aquí, en esta tierra donde no votamos por ellos, nos alcanza su maldad. Ahí está Alejandro Ordóñez, ese eco de tiempos oscuros, mazmorras húmedas y carne quemada, alabando las políticas de Donald Trump. También Vargas Lleras usando a los venezolanos, como Trump a los mexicanos y los musulmanes, para exacerbar el nacionalismo (y la infraestructura pagada por los contribuyentes para hacer campaña electoral). Pero el más grande escalofrío de horror viene al ver cuántos seguidores tienen, cuántos quisieran que políticas homofóbicas, misóginas, racistas, xenófobas y nacionalistas se implantaran en Colombia. En resumidas cuentas: cuántos quisieran ver al fascismo instalarse en nuestras vidas.

El canto de sirena del populismo autoritario no deja de atraer. En las próximas elecciones vamos a oírlo mucho. Y desde el norte, desde la patria ilusoria a la cual le cantó Whitman, vendrán los amplificadores.


P.D. Aunque la comparación con los nazis suele usarse con ligereza, en el caso de Trump no es descabellado hacerlo. Este artículo da luces al respecto.

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