viernes, 21 de abril de 2017

Teocracia

Agencia Prensa Rural

Deberíamos estar asustados: Alejandro Ordóñez está subiendo como la espuma. Como la espuma de una bebida envenenada. Y con él toda la oscuridad y el odio de una ultraderecha dispuesta a cualquier bajeza para alcanzar el poder.

Como un inquisidor virulento y exaltado, Ordóñez se despacha contra Alejandro Gaviria porque en una entrevista dijo que era ateo. Por supuesto, para el exprocurador destituido por corrupto, un ateo es un ser amoral o francamente diabólico que no puede gobernar o encargarse de la educación de un niño. No se puede esperar otra cosa de una mentalidad moldeada en el siglo XVI.

Enardecido y desaforado, Ordóñez aparece en una protesta callejera contra el régimen venezolano para gritar que va a sacar a Santos a patadas. Se aprovecha de la situación política venezolana para esparcir sus mentiras, para conjurar el fantasma del castrochavismo y gritar a los cuatro vientos, aunque sabe que no es cierto, que Colombia se está convirtiendo en un país comunista. Como Uribe, sabe que difundir semejante falsedad le ayuda a crear miedo, a convencer a muchos votantes de que nos estamos desbarrancando y a crear una imagen de oposición perseguida igual a la de la oposición venezolana. Por lo visto engañar a la gente no le parece pecado.

Repiten sin descanso que vamos a terminar como Venezuela, aunque la realidad indique lo contrario. No se sonrojan al llamar comunista a un presidente que parece sacado de un manual de economía política de derecha neoliberal,  amigo de las reformas tributarias regresivas y la venta de empresas públicas, dispuesto a golpear lo más posible a la clase trabajadora colombiana. Es una estrategia efectiva, porque la mayoría de la gente no tiene ni puñetera idea de lo que es el comunismo, excepto que es necesario temerle.

Ahí van montando su sainete de oposición perseguida, desviando la atención hacia el espectro castrochavista que supuestamente Venezuela va a exportar a nuestro país. Pero Venezuela no nos va a dejar con una dictadura comunista. Lo que va a lograr la obsesión colombiana con la revolución bolivariana de Chávez es que en Colombia se monte un régimen teocrático y fascistoide, donde la Biblia reemplace a la Constitución y las leyes, y la mano dura extermine todas la voces que no sean cristianas y de derecha. Un régimen que le encantaría a un tipo como Alejandro Ordóñez, ojalá con él a la cabeza. Un régimen de cruces y cilicios, de machismo y homofobia, donde "Dios" es una colección de odios y prejuicios y el amor de Cristo tiene condiciones y restricciones.

Puede parecer exagerado, pero no lo es. Al fin y al cabo, Ordóñez ya ha demostrado su forma de pensar al justificar el paramilitarismo y quemar libros en público. Ante la evidencia de esas palabras y esas hogueras, la admonición de Heinrich Heine cobra vigencia: Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos.

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