viernes, 4 de agosto de 2017

Dunkerque


Del cielo caen pedazos de papel sobre unos jóvenes soldados en un pueblo silencioso. "Los tenemos rodeados. Ríndanse. Sobrevivan", les dicen los volantes a esos hombres demacrados y perseguidos, antes de que el estruendo de las balas los haga correr por sus vidas.

En esa primera imagen de Dunkerque se condensa la angustiosa situación que vivieron los soldados ingleses y franceses en mayo de 1940, cuando las fuerzas de la Alemania nazi los arrinconaron contra el mar y estuvieron a punto de eliminarlos. En ese entonces Hitler parecía imparable y prácticamente toda Europa había caído en sus manos. Los ejércitos de Francia e Inglaterra nada pudieron contra la Blitzkrieg y se encontraban en una posición sumamente precaria, atrapados entre las huestes nazis y el agua salada.

La película de Christopher Nolan se centra en ese episodio de la guerra, en la operación para evacuar a los soldados atrapados en la playa. La historia muestra el angustiante deseo de supervivencia de los soldados, que los adentra en eso que Primo Levi llamó "la zona gris", donde no es tan fácil juzgar y diferenciar entre lo bueno y lo malo, el deber y la necesidad, el valor y la cobardía; y muestra, también, el heroísmo callado y anónimo de quienes solo buscan cumplir con su deber o son capaces de comprender el dolor y el miedo al que se enfrentan los demás.

A lo largo de la película se siente la presencia de los nazis, aunque no los veamos. Son una amenaza a la vez fantasmagórica y real, que se materializa cada vez que un avión dispara hacia las embarcaciones y el muelle o arroja sus bombas sobre ellos, cada vez que un torpedo hunde un barco lleno de gente o cuando se oyen las detonaciones de los cañones y las balas cada vez más cercanas. Esa presencia amenazante se hace más patente gracias a la espléndida banda sonora compuesta por Hans Zimmer, que no deja olvidar lo que está en juego y retumba mientras el cerco se cierra.

Aunque Dunkerque es la historia de una huida y una derrota, deja la sensación de que allí, en esa arena ensangrentada, se plantó la semilla de la victoria que vendría después (con la ayuda de los gringos y de los soviéticos, estos últimos casi siempre olvidados por el relato oficial de Occidente). Nolan da un golpe de efecto al terminar con un soldado leyendo en el periódico el discurso de Churchill en la Cámara de los Comunes, esas palabras que galvanizaron a los británicos y ayudaron a convencerlos de la posibilidad de la victoria.

Esta es una fuerte apuesta de Nolan para ser nominado al Oscar. Muy probablemente lo será.

***

P.D. Seguramente esto nunca pasó por la mente del director o del guionista de la película, pero luego de verla pensé en que el mundo de hoy está como esos soldados en Dunkerque: rodeado y a punto de ser aniquilado por el fascismo. Ojalá esta vez también seamos capaces de resistir frente a esa amenaza.


1 comentario:

Anónimo dijo...

saludame a tu tio cesar, desde panama !!!